La noche anterior a ver la película, María y yo cenábamos en el Bar Británico. La conversación derivó de repente hacia vivencias personales no muy gratas. María me contaba de cuántas bombas se había salvado en su vida. “Esa estalló a 3 cuadras de donde yo estaba”. Frases como esa traían la acotación sobre a quién había perdido en esa explosión. No es necesario ir tan lejos, en nuestro continente hay guerras que no son llamadas por su nombre. Se llaman “conflictos”, eufemismo sobre la realidad de países como Colombia.
En medio de este prólogo, veo Persépolis: la vida de Marji, una mujer iraní quien desde la sala de espera del aeropuerto de Orly, nos hace viajar hacia su niñez, tiempo en el que vivía sin enterarse. Así como la niña Marji se va adentrando en la historia y los problemas de su país, nosotros vamos aprendiendo: la historia de ambos Sha de Irán, cotejada con la historia de la familia Satrapi. Teherán en ese momento pasa a ser cercano: el abuelo de Marji pagó las consecuencias de ese pasado totalitario. Luego veremos como la revolución se lleva a más conocidos y parientes de esta niña, quienes van enseñándole a Marji el valor de la lucha por la libertad, conceptos como el comunismo y el heroísmo, la dignidad, y los horrores en los que viven inmersos. Marji crece y va mostrándonos lo que esta revolución les deja: las imposiciones religiosas extremas, la guerra con Irak, la manipulación de la doctrina, la transformación de un país moderno en un lugar de destrucción y retraso. En el colegio veremos a Marji contestándole a las charlas ideológicas con el mismo valor aprendido en casa. Por todas estas razones, sus padres deciden enviarla a Viena para evitar que le hagan daño. Desde entonces la ahora adolescente Marjane tratará de completarse como persona. De encontrar un lugar al cual llamar suyo.
Una vez que se viaja estas condiciones, comienza el desarraigo. El tiempo que transcurre sin ella en su ciudad natal, la separa y la diferencia del entorno local. Lejos, en otro país, será siempre una extraña. Uno de los momentos imperdibles: la noche anterior al viaje, su abuela se queda a dormir con ella y de su corpiño caen jazmines. Marji –la niña- lo describe como “mágico”. Es este el emblema de Persépolis. Como jazmines nos queda su escencia impregnada en la memoria. Esas flores decoran todo el arte de la película, vinculándose siempre con el momento de la inocencia perdida. Porque después de esa noche, Marji viaja y pierde la inocencia de la niñez para hacerse adulta. Las flores están en el vestido de Anjou, la chica comunista, es fácil identificarla por su vestido de flores blancas en el momento en que una inocente es colgada. Y todos los jazmines que aparecen en los momentos previos a chocar con la crudeza: cuando los hombres que amó la traicionan.
Los toques de color no separan el pasado del presente. Son los momentos de libertad, no sólo política. Es la libertad de conocerse y de finalmente aceptarse. La guerra es también interna, es poder reconstruirse por dentro y renacer. No es fácil.
¿Cómo se vuelve a surgir de entre las cenizas y los escombros de una bomba? ¿Cómo se aprende a vivir y a reunir los pedazos? La Marji adulta aclara el mundo postguerra de Teherán en una frase: era tanta la desesperación por vivir normalmente y ser felices, que se les olvidaba que vivían en la opresión. Siempre hay elección, decía la abuela. Puedes escoger fingir normalidad y alienarte con el infierno, o serte fiel a ti misma.
María no finge normalidad. No hace chistes sobre bombas. Nunca más caminará desprevenida. Yo tampoco. Uno se reconstruye después de todo, pero no olvida. Como Satrapi que nos deja sus memorias.
Uno elige una libertad sacrificando cosas. Nosotras elegimos poder terminar de estudiar semiótica tranquilas en mi casa, para luego esperar el 53 tranquilas en la esquina, a las 2 de la madrugada. En un país donde el colectivero del 22 le hace señas al gato del Parque Lezama para no atropellarlo. A cambio, dejamos nuestro mundo conocido: amigos, familia, el mar cercano.
Después de ver la película regresé a casa, me senté y lloré. Por mi país, porque reconocí dolorosamente en lo que se está convirtiendo. Un valle de balas. Y lloré por mí. ¿Para qué Satrapi nos cuenta su historia? ¿Para decirnos la verdad sobre el Islam y el fundamentalismo? Es una de las tantas verdades. Con Persepolis logra interpelarnos al ponernos en su vida.
Volvemos al aeropuerto de Orly, de donde Marji, la adulta, no se ha movido. No sabemos si va o viene. La vida es un continuum de comienzos. Sólo de comienzos.
A quienes viven en la inocencia, se les interpela para tener conciencia de ella y no pasarla por alto. Para no burlarse del sufrimiento del otro. Uno no es más “cool” por haber visto muertos en la calle. No se es más “cool” por haber esquivado balas o haberse librado de pistolas en la cara. Uno no es valiente por eso. María no pidió vivir lo que vivió. Nos toca y tratamos de seguir viviendo.
La interpelación final es esa. Aprender, urgentemente, lo más pronto posible. Aprender el respeto por los que vivieron el horror. Aprender a valorar la vida, la bondad. Los jazmines. El aroma de los buenos momentos.
No puedo escribir una crítica de tres mil caracteres con espacios, y me zurrarán, pero no puedo. Si me hacen escribir sobre Persépolis, debo responderle a Satrapi como se debe. Ver Persépolis es verme a mí misma. Verme cuando de niña hablaba con Dios. Mi inocencia perdida a los 8 años. Verme cuando puedo decir con exactitud que lo que acaba de escucharse no fue un cohete, sino un balazo. Cuando me levantaba a mitad de la noche para recibir a Carmen, con la noticia de que habían matado a su cuñado de un balazo en la cara para robarle el taxi. Eso de saber describir cómo queda un cerebro humano desparramado en la vereda. Pude verme pasando miedo y frío. Desilusionada por los hombres que amé. Contestataria a morir.
Pude verme suspirando resignada, cuando una vez más me preguntan de dónde soy.
Al final, la abuela de Marji tiene razón: debemos recordar que aquellas personas que nos lastiman lo hacen sólo porque así se expresa su ignorancia. Así nos salvamos de guardarles rencor. No hay nada peor que los baobabs del rencor, la amargura y el odio infestando el corazón de los hombres.
Esto es como el dibujo de los baobabs: urgente, hay que advertirles esto a los niños de la tierra. El corazón de los hombres está infestado de baobabs. Nuestro principito –ese niño que todos llevamos dentro como Satrapí- es el encargado de arrancarlos antes de que crezcan y ahoguen el pequeño lugar. Y cuida celosamente la flor, el poder amar que todos tenemos.
Persepolis es el dibujo de los baobabs del Principito, hecho película. Es el dibujo más majestuoso de todo el libro.
Nop. Ellos también tienen que ganarse el ¿pan? diario. Por mucha protesta que haya a favor y en contra del cierre de RCTV, en estos días usted no estará exento de ser presa de estos “arduos trabajadores”. Si ustedes creían que los marchantes estudiantes y trabajadores de este país sólo tenían que hacer frente a los ataques paranoiqueantes de la Policía, se equivocan (metropolitana o del interior, cualquier policía es tanto o más temido que a un ladrón acá en Vzla). Nuestra policía es la encarnación más patente de aquel famoso título: “El bueno, el malo y el feo“. Uno se los encuentra y de inmediato escucha la banda sonora de esa película.
Pero hoy vengo a hablar de la (in)seguridad de mi país. Cómo no salir y aprovechar estos días de marcha -se preguntarán los choros-, si toda la policía está cayéndose a piña con los manifestantes, y descuida a una ciudad entera sometida por el malandraje. Sería absurdo para un choro, no aprovechar. Y he aquí el resultado.
A Currusa le han robado su celular. Desconozco los detalles, y por desahogo, mi pobre niña ha dejado un claro grito de bronca, impotencia y asco, por no decir miedo, en su blog.
Recordé el día aquel en que me atropellaron con una bicicleta, me cayeron a puñetazo limpio y me retrucaron contra una pared, para arrancarme la cartera y el celular. Sólo espero que a Gaby le haya ido mejor, y no sea tan creepy esta historia en la cual sólo ha perdido lo material y no la vida.
Y yo preguntándome en estos días, si sería que los choros también habían salido a manifestar…
Seguramente salieron, pero a aprovechar estos días de entretenimiento.
A veces hay que correr el riesgo. De eso se trata la vida, de correr riesgos.
Si nunca hacemos lo que queremos hacer, por miedo a caernos, entonces, ¿para qué estar vivos?
Corremos el riesgo de estar haciendo ruido en estos momentos, por la causa incorrecta. Pero de eso se tratan las decisiones individuales: son nuestro derecho a equivocarnos.
Siempre y cuando tomemos como decisión individual esto de saber que soy yo y nadie más que yo, quien responde por lo que hago, y quien es responsable de cuidarme allá afuera y traer mi vida a salvo a casa. Sin arriesgar en lo posible la vida de los demás, y mucho menos, sin arriesgar su poder de decidir si están, se quedan o se van.
Yo también puedo decidir dejarme llevar por el resto y ser catalogada de “borrego”. Pero sigue siendo mi elección.
Al mismo tiempo, puedo no estar de acuerdo con ciertas cosas acerca de mi decisión, puesto que en la vida el absoluto no existe.
Decía mi profesora de filosofía de 5to año en Argentina, que la verdad es como una naranja.
“¿Vos podés apreciar a la naranja en toda su expresión, por dentro, por fuera, por todas sus caras al mismo tiempo, saborearla y tenerla sin tocar, todo al mismo tiempo? ¿Podés abarcarla por completo? No. Bueno, así es la verdad. Es inabarcable para la mente limitada del hombre. Por lo tanto, nadie puede “tener” la verdad.“
Por eso hacen falta muchos ojos, y muchas bocas que la saboreen. Para que teniendo todos un pequeño pedazo de ella, logremos verla a través de los ojos de los demás.
Sin RCTV, nos hemos quedado sin un pedacito de posibilidad de abarcar un tanto más, lo que nos rodea. Recuerdo que toda la vida me pareció una televisión muy incompleta en cuanto a sus programas y guiones. Sin embargo llegué a la universidad y mi escuela de letras quedaba al lado de la escuela de periodismo. Y mientras más futuros periodistas conocía, más entendía que un canal no es sólo programación. Los estudiantes soñaban, y su sueño más alto, el dorado de sus vidas, era formar parte de los empleados de RCTV. Y esto cambió mi manera de pensar. Y poco a poco, gracias a ir conociendo ese mundo, se fueron ganando mi respeto. Seguían teniendo una programación que dejaba mucho por hacer, pero al menos entendí que hacer televisión es demasiado complejo, que es tremendo trabajo, y que la creatividad era sólo uno de los muchos problemas que atravesaba la televisión nacional.
Muchos de los que ahora están estudiando en esa escuela de periodismo de LUZ seguramente vieron coartados uno de sus tantos sueños. De un plumazo, como se ciega una vida. Only the good die young, they said.
No niego la existencia de personas independientes que no desean más que llevar a cabo sus propios proyectos. Pero con tanto por abarcar de la naranja… No podían obtener su propio espacio en el universo?
¿Cuándo reconoceremos que somos limitados y que necesitamos la presencia del “otro” para definir nuestras vidas?
La gente sigue sin buscar en los ojos de los demás, el espejo rotundo que nos daría un pedacito más del rompecabezas de la verdad.
BTW: Marcel ya descubrió que estamos camino a tener nuestra propia Gran Muralla China. Adónde iremos a parar, dirían mis viejos…
Es increible como algunas cosas vuelven a tener una vigencia tan palpable…
Dandome vueltas en la cabeza y el corazón, y ya puesta en el iPod, me llevo a la batalla esta canción.
Anoche después de mucho buscarla, me la regaló el Fran, en dos versiones! :D
Ich danke dir ;-)
Acá les dejo la música y las letras, pueden escribirme en los comments los interesados, y se los envieré al mail que me dejen ahí, para que también se la lleven a la batalla y se la reenvíen a los que se van a tragar humo y a sudar por ahí. Para escuchar acá mientras leen:
En los ojos de tus hijos,
han llorado los amigos
Como el río hacia el mar y hoy el río esta crecido
Les dolía la verdad,
y cerraron tu camino
Jugadores de alla donde sortean los destinos
Pero cada mañana amanece
el mundo sigue girando
Todas las flores florecen, tarde o temprano
Eres luz y sigues brillando, no te pueden apagar
Eres fuego y sigues ardiendo, no te pueden apagar
No se tapa el sol con un dedo, no te pueden apagar
Por mas que traten
No te pueden apagar
Como el viento
Que no vemos
Como piedras en el río
No te pueden callar, tus palabras no se han ido
Y no pueden apagar, tanto fuego que encendiste
Brillarás más allá, no hay razón para estar triste
Pero cada mañana amanece
el mundo sigue girando
Todas las flores florecen, tarde o temprano
Eres luz y sigues brillando, no te pueden apagar
Eres fuego y sigues ardiendo, no te pueden apagar
No se tapa el sol con un dedo, no te pueden apagar
Por mas que traten
No te pueden apagar… rctv ;-)
“Pensar es la única manera de combatir el miedo. La obediencia ciega a cualquier orden, a las campañas de acción psicológica, a los misterios sin explicación, provoca que los efectos del miedo se multipliquen.”
“Perseguir la libertad para pensar es, también, intentar un camino sin retorno: la pérdida de la inocencia a poco de comenzar ese camino nos obliga, también, a responsabilizarnos por lo que sucede.”
“Enfrentarse al horror no siempre significa diluirse dolorosamente en él. También el horror responde; también puede encontrarse -si se está dispuesto a buscar una lógica de la no lógica: algunas pequeñas respuestas que superen el silencio de la resignación, o del desinterés.” Cortina de Humo.- Lanata y Goldman.
“La lucha del hombre contra el poder
es la lucha de la memoria contra el olvido.” Milan Kundera
No suelo expresar cosas sobre la cotidianeidad de la politica y eventualidad de mi país Venezuela. Pero en noches como esta, dejo de ser idiota -como diría Fernando Savater- y digo lo que pienso y siento:
•Es triste ver desaparecer una de las pocas cosas -mal que bien hechas- que más ha durado en Venezuela. No es nuevo para nadie que en Venezuela no tenemos nada -ni monumentos, edificios, torres, esculturas… ¡ALGO!- que haya durado en pie lo suficiente como para representarnos. Sí, ya sé: casas de próceres, panteones, esas cosas sobran. Sin embargo, cuando alguien dice Buenos Aires, uno ve la clásica imágen del Obelisco de la 9 de julio. Cuando alguien dice Caracas… Qué nos representa? Como ciudad, como país… Francia tiene su Torre Eiffel, New York su Estatua de la Libertad. Mañana muere algo que nos duró 53 años. Ya decía yo que había durado demasiado en esta cultura destructiva e indolente en la que hemos crecido. Porque de eso sí nos podemos jactar. Tenemos un sentido de la destrucción nato, infalible. Esto combina con nuestra capacidad de olvidar cualquier asunto, por muy importante y mucha mella que haya hecho en nuestra sociedad y nuestro imago. Venga. Nos es tan fácil como matar, como derribar una casa o un puente. RCTV no va a ser menos. El soundtrack de Venezuela en este aspecto, es una de Guillermo Dávila: No voy a mover un dedo ♪
… Triste.
•Reitero mi posición: No estoy de acuerdo. La razón es lo expuesto arriba: no me importa si era bueno, malo, repelente, oficialista, anárquico, golpista. No me importa. Era parte del algo que yo llamo tradición. Cuando estuve en Argentina, en las navidades mis amigos me cantaban: estamos contentos contigo, con tooodoooos… ♪
Y créanme, uno no se sentía tan sólo ;-)
•Una vez más dieron pie para hacernos arrechar y no poder dormir bien. C’mon. Hasta cuando. No les den más bolilla. Hay que hacerles como a los comentaristas anónimos y ladillas: bannearles el IP. Osease y en cristiano: no prestarles el más mínimo de atención.
¿Que pintaron la fachada de Globovisión? Pues salen varios del canal con latica de pintura blanca en mano, y con la misma pintan lo rayado, levantan papelitos y afiches del camino y dejan todo como nuevo, EN SEGUNDOS. Cosa de hacerles ver lo que nos hacen ellos a nosotros: aquí no ha pasado nada.
Cuando vengan a decir: pero… nosotros no rayamos este canal?? Todos pondremos caras de bolsas diciendo: DONDE?? Ay Dios…! Yo no me había dado cuenta, y tú? Ay, pues no será que se equivocaron de pared?
Y ponemos cara de Jorge Palacios diciendo “loquita mía!” en la telenovela Cristal XD.
•Trucos Vietnamitas para ganar la guerra:
-Mujeres hierven agua y aceite en ollas. Acto seguido, hombre que entra por esa puerta, tipo que raye ese muro de su propia casa, usté lo baña con lo hervido (obviamente mientras está todavía burbujeando). Garantizado. Nunca volverán por esos lares. Es 100% efectivo.
-Rifles con cartuchos de sal gruesa. Usté agarra y rellena los cartuchos del rifle con sal gruesa de cocinar, y con eso dispara. No mata a nadie, pero la herida que deja, tardará AÑOS en sanar. Y créame… No habrá anestecia que valga…
-Usté sabe lo que cuesta un juego de cauchos hoy día? Anote números de placas de gente revoltosa y juegue a la lotería con ellos. En donde se consiga alguno, mátelo sin piedad: Déjele esos cauchos como colador. En el calor de estos días, cambiar cauchos debe ser “Pesadilla en la Calle del Infierno”, muejejeje.
•Ágata Christie lo decía: Matar es Fácil. Lo dificil es seguir vivos.
•Algo de despedida a la gente que trabaja y le duele RCTV. Repito una vez más lo dicho en otros post anteriores:
El camino
Versión Original, del reverendo Martin Niemöller
Cuando los nazis apresaron a los socialistas, no dije nada, porque yo no era socialista.
Cuando encarcelaron a los sindicalistas, no dije nada, porque tampoco era sindicalista.
Cuando se llevaron a los judíos,
No protesté, porque yo no era judío.
Cuando al fin vinieron a buscarme a mi, no había ya nadie que pudiera protestar
“Primero se llevaron a los negros
pero a mi no me importó porque yo no lo era.
Enseguida se llevaron a los judios
pero a mi no me importó porque yo no lo era.
Después detuvieron a los curas
pero como yo no soy religioso
tampoco me importó.
Luego apresaron a los homosexuales
pero como yo no era homosexual,
tampoco me importó.
Ahora me llevan a mi,
pero ya es tarde”.
Quizá, sin proponérselo, algunas de estas páginas resulten un tibio reflejo de la especie humana, de las infinitas preguntas sin respuesta que nacen de la crueldad, la estupidez, el egoísmo, el desinterés; la vida y la muerte. Debo reconocer que sólo conocía un costado de la palabra sombra hasta mediados de julio de 1994, y aquella sombra era verde, o marrón y significaba aire fresco
y pesado. Durante estos meses conocí otra sombra, la del poder dentro del poder, la de la miseria y la mentira, y esa sombra no es verde sino gris, y no respira o lo hace de modo tan lento que no puede advertirse. En esa sombra las dudas crecen con la lentitud inexorable de la hiedra.
Uno de los personajes reales de los hechos narrados en este libro dijo, respecto de la bomba en la Embajada: “Todo esto me da asco”. Yo mismo, desde mi pequeño metro cuadrado de sombra, pensé en distintas ocasiones que al terminar este libro abandonaría la profesión. Llevo veinte años en el periodismo y he escrito hasta el cansancio -propio y ajeno- sobre el escaso valor de la vida, de cualquier vida, en la historia de la Argentina. En estos meses sentí lo ínfimo de ese valor: lo supe. Supe que las víctimas de la muerte mueren cien veces: mueren de estupidez, de pistas falsas, de operaciones de prensa, de interpretaciones políticas, de miserias, de rencillas internas, de ignorancia y miedo. Conocí también la mirada de los que quedaron; y creo sinceramente que
esos ojos, si se lo proponen, pueden atravesar la sombra.
Jorge Lanata.
Mañana recordaré -no sé bien por qué- esa mañana tan fría en que despertamos todos con el horror de la explosión en la AMIA. Esta noche, acá donde me encuentro, volví a llorar recordándonos a todos -mis padres, mis amigos, mis hermanos, yo- mirando estupefactos la televisión durante una semana, al comienzo de las vacaciones de invierno. Esa esperanza que todos teníamos de que apareciera alguien vivo. Ese terror, los gritos que todos pegábamos al televisor como si pudieran escucharnos, cuando se desmoronó un piso y se tragó en escombros y polvo, a tres bomberos rescatistas.
Y las ganas. Las ganas de comprender. Las ganas de encontrar una sola esperanza en medio del caos. Las ganas de vivir, de proteger, de que nadie nunca más nos haga daño. Las ganas …nomás.