Yo les voy a explicar, por qué la revolución femenina, a mí, me ha fallado. Esta anécdota va dedicada a mi amigo Afrael, porque tenía siglos que no le contaba nada como esto :P
Hace un año que a la iglesia a la que vamos con mi hermana, mi cuñado, y mis sobrinos, fue destinado a ir el muchacho que a continuación apodaremos el Ginger Kid. No por mucho más que por su cabello rojo, y su cara de enfermo mental. No sé quién es, qué hace, de qué vive, dónde vive, ni me interesa. Sólo ví a un pusilánime que se hacía el humilde y trataba de dar lástima como si así pasara por “buenecito”. De entrada, está de más decirles, el cuadro completo de su presencia no me cuadró. A las pocas semanas, saliendo de una eucaristía el muchacho me encaró y me invitó a tomar café. En esos días yo estaba de novia, y le rechacé diciéndole que mi novio me esperaba. Luego de eso, no hubo muchas más noticias. Por amigos de la iglesia a la que GingerKid antes asistía, me enteré luego que es un bueno para nada que vivía aún con su madre hasta sus casi 40 años (ahora ya los tiene), se peleaba con ella y le pegaba, se electrocutó las neuronas con cuanta droga hubo inyectable y aspirable, y todas las cosas que ese tipo de adicciones conlleva, y también supe que le pegaba a las novias. Una de esas joyitas que alguna vez tuvo escarceos homosexuales y, como tiene miedo de haber convertido en uno, se pelea con quien le mire medio feo para dejar constancia de que es un hombre muy hombre. Un hongo, vamos.
El Ginger desapareció por un tiempo, y yo estuve bastante aliviada de no ver su feo rostro de nuevo, luego de haberme enterado de su “prontuario”. Pero un día en una eucaristía normal, apareció. Así como apareció, se documentó con mi hermana, ya que comparten actividades juntos, si yo estaba todavía con novio. Mi hermana, que es bastante inocente y bucólica -para no llamarla zoqueta- le dijo la verdad sin pensar que le estaba poco menos que ofreciendo mi cuello a un maniático de semejante estatura. Yo en su lugar le hubiera dicho la verdad, pero aderezada: no, mirá, no tiene novio, pero yo soy su hermana mayor: te metés con ella y le hacés algo, por mínimo que sea, y te rompo la crisma a patadas, entendés??? Algo así como, ejercer funciones de hermana mayor, que no le vendrían mal. Pero es así, una quisiera que la gente asumiera sus roles por una vez en la fucking vida, pero que va. La cabeza y los quehaceres diarios, no les dan pa tanto.
Gingercito se sintió entusiasmado por las noticias obtenidas, y envalentonado, se dirigió en el final de alguna aciaga jornada para pedirme de nuevo salir a tomar un café. Yo, enteradísima de su prontuario, naturalmente le dije que no, que yo no salgo casi nunca (que no es mentira), y que si salgo es para ver a mis amigos, el poco tiempo libre que salgo. Para colmo de males, estábamos organizando una convivencia regional de jóvenes y mi grupo de la iglesia estaba en pleno proceso. Yo estaba literalmente muerta, cansadísima. Claro que para mis adentros pensé: además, contigo me voy a aburrir como ostra nada más viéndote la cara de pusilánime tratando de venderme una bondad que no posees… Raus!!!El chico siguió invitándome cada sábado. Cada sábado le dije que no. Yo publico en el FB en esos días, mi necesidad de guardaespaldas que vaya a buscarme a la iglesia el sábado a la noche, para espantarle la fabulosa idea de estarme atrás, a lo que varios amigos respondieron con chistes, como es nuestra sana costumbre. Pero sí, la cosa se estaba poniendo pesada. Al mismo tiempo, Marquitos, un amigo con problemas de adicción, regresa a la iglesia luego de un tiempo en tratamiento. Me reuno con él y le comento lo que ha pasado con Gingercito. Marquitos me dice: con razón! Cuando volví, nos reunimos todos los amigos para hablar de cómo estaba cada uno, comentarnos noticias, etc. Como es natural, uno se pregunta si hay alguna chica en el horizonte, a lo que Gingercito responde “sí, bueno, parece que con esta chica, Norya, tengo una oportunidad para salir y ver…” A lo que Marquitos, que es más bueno que el pan dulce, le dice: “Norya! Ay, yo la quiero un montón!” Con ese amor natural que nace de la empatía y de la buena charla en noches de buena onda. Gingercito se puso serio y le lanzó un discurso sobre que él no tienía que buscarse una chica como yo que le llevaba 4 años, y que él -Marquitos- no estaba a mi altura en cambio él -Gingercito- teniendo 40 y auto, sí. Otro tanto bla bla bla sobre que no le convenía para nada ir a por mí, cuando Marquitos no se refiero a nada más que sano y puro cariño natural. Pero además, este enfeeeeerrrrrmo mental, ya se estaba haciendo a la idea de que yo no podía encontrar otro mejor partido que él. Por su puesto, en una edad conveniente (¿?), con auto, una vida hecha pedazos, un machísmo enfermizo y exacerbado, y una bondad histriónica y plástica, más falsa que un billete de 3 pesos. Sin mencionar lo feo que es. Vamos, es como el combo irresistible. Imagino que ni siquiera piensa que su conversación debe ser, para mi, la más pobre del planeta -sobre todo luego de que mi último novio fuese doctor en Filosofía de la UBA, especializado en Heger. Dudo sinceramente que pueda competir con semejante cerebro, pero Gingercito es así de chévere. Nunca podría pensar que lo que más me atrae de un hombre es su intelecto y su cultura. Sin eso, no hay -como decimos con Beth- ni “sexitud” ni “sexatez”. Luego de que Marquitos me contara esto entrecerré los ojos, respiré hondo y le dije: ah sí??? Pero qué se cree semejante guanaco??? Sabés cómo es la cosa?? Ahora vos y yo vamos a salir TODOS los sábados, para que se mueeeera de la broncaaaaaa (arrechera en Vzolano).
En esos días justo, y por cosas de esta vida, del estudio de la crítica del cine, decido verme finalmente la tan famosa “Deep throat”. La película es increíble, gente, VEANLA. Es una de las pocas joyas que nunca jamás van a ser estimadas. Primero, es una de esas películas porno que no repite la clásica fórmula de la chica del delivery llegando a la casa del macho diciendo: qué casa tan grande! Las habitaciones son así? O el chico llegando al banco a hacer un depósito y que la chica de la boveda le diga: ven, pasa a la boveda y te hacemos el depósito… Nop. Es un argumento netamente porno. Un verdadero argumento porno. Una chica que en plena revolución femenina, no llega al orgasmo en sus relaciones sexuales, y se hace ver finalmente por un doctor, sexólogo, que le hace ver que su clítoris no está en el lugar que debería, sino en su garganta. Por tanto, la chica se dedica al fellatio casi, diríamos, de manera terapéutica y profesional, hasta que uno de sus clientes de enamora de ella y le propone matrimonio. Y he aquí que hacia el final de la película, cuyo sentido del humor me mató todo el tiempo de risa, llega la línea que paga toda la hora: “Pero, cariño, si tú sabes que no puedo casarme con alguien que tenga una pija menor a 9 pulgadas…”Ven? Ven por qué a mí el feminismo me ha fallado???? El feminismo, debió haber logrado para mi, que yo pudiera en cualquier momento, usar esa línea, esa GENIAL LÍNEA, para espantar a los tarados!!! Díganme… No es genial? No es magistral la línea? Yo hubiera PAGAAAAADO, por poder decirle al GingerKid: no mira, yo no salgo con hombres que la tengan menos de 9 pulgadas…Ah? No es genial? No sería algo que paga cada letra pronunciada? Imaginen la cara del Gingercito. Imaginen todo su machismo por el piso. Pero no, yo no puedo decirle algo así a ningún macho, so pena de que me acusen con medio planeta, empezando por mis padres y catequistas, y siguiendo por mi hermana y mi cuñado. No puedo decir algo semejante sin escandalizar a medio mundo, y que luego me miren como la tipa más perra del planeta. La revolución femenina, debió haber logrado ESO para mí.En estos días, para más colmo de males, voy a ver “Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo”, basada en el cuento original del escritor Alberto Laiseca. Para no contarles mucho, básicamente al protagonista le proponen volver a vivir 10 años a escoger de una etapa de su vida. Las condiciones son sencillas: no puede matarse ni morirse, va a vivirlos con la cabeza y la experiencia del momento presente en que vive, nada de lo que haga en ese pasado paralelo va a cambiar el presente actual ni el futuro, y al regresar lo esperan un maletin con 10mil dolares, o algo así, y en la vida real habrán pasado sólo 5 minutos. A mis 34, y tal como se plantea uno después de semejante película, cuáles años escogería, yo, a ver… Y digo: bien, de los 24 a los 34, los últimos. En lugar de irme a alemania, me vendría a BsAs apenas me gradue de letras, y con todo lo que ya sé sobre laburar y estudiar en el país, me pondría a trabajar y estudiar aquí todo lo que no me ha dado chance de aprender. Yo creo sinceramente que toda mi familia haría lo mismo, porque todo lo que se va a modificar es lo que aprendas de esos años, así que volvería hecha un sable laser en cine y otras yerbas. Pero además, aprovecharía que eso no va a modificar el presente inmediato para volver a ese domingo en que cuidaba a mis sobrinos en ese fantástico jardin de la casa de convivencia, mientras mi hermana y mi cuñado estaban en lo suyo. Jardín de paz que el Gingercito interrumpió para hacerse el buenecito y el que “sólo quería hablar conmigo para que yo lo orientara en su momento en la fe”. Argumento más pobre y me pego un tiro. Volvería a ese momento y le diría:No, Gingercito, mira, la verdad es esta: yo no puedo salir con nadie que no la tenga más grande que 9 pulgadas…No sería genial? Sabiendo que eso no afectaría nada… No sería hermoso? Pero no, a mi la revolución femenina me falló. Lo más importante de este mundo, no era la igualdad laboral y salarial, ni la libertad sexual, ni todas esas pajoleras que supuestamente consiguieron para las mujeres del futuro, y que tan jodidas nos tienen. No. Lo más importante era que yo, con toda mi femeneidad, pudiera rechazar a hombres como este, o como el BPsito (te acuerdas, Afra??), con una línea semejante, sin que eso me hiciera automáticamente, una loca de cuarta.
Por eso me queda ver cómo oportunidades como estas, se ven sólo en el cine. Como decía el Inodoro Pereyra: ¿¡Qué vientos me castigaron, para golverme tan pobre!?
Qué lo parió.
