El 21 de este mes oficialmente se acaba el verano. Ya los días se están acortando, yo saldré una hora más temprano del trabajo -y aunque los días sigan templados- ya uno va pensando en que tendrá que sacar lo más abrigado de nuevo.
Es en estos días cuando uno lee cosas como este post de La pequeña comeflor (Arianna, la hija de Valentina Quintero). En días como estos mi padre, sin decir más palabras, me pasa este post, esta noticia, y este link. Y es que lo que queda es ese silencio triste de los que no sabemos ya cómo se reacciona ante semejantes disparates.
La vida no es fácil, eso lo teníamos claro. Esto que les sucedió a la familia de Valentina Quintero, se sabe porque ellos siguen siendo personas muy queridas por todo aquellos lejanos y cercanos. Sin embargo, somos muchos -me cuento entre ellos- a quienes les están pasando cosas, y sus familias están siendo víctimas de atropellos sin que a nadie se le mueva un pelo. Ya no es que te roban lo que tienes, ahora es que te quitan tu medio de trabajo y sustento. Sino, como les pasó a los abuelos de Arianna, porque tienes algo, se te quita. Lo que más me conmueve de lo que escribe la peque, es que hace la distinción irónica de malos y buenos. Como diciendo: nosotros no buscamos ser llamados los buenos, ni los malos, ni nada. Todo lo que queríamos era vivir en paz. Disfrutar un poquiiito… pero sólo un poquiiiito, del esfuerzo de toda una familia y de toda una vida. Familias como ellos hay muchas, que se esfuerzan, que han pasado la vida trabajando honestamente, para tener un refugio, o un auto, o algo… algo que diga que no fue en vano. Y la codicia -porque no quiero caerme a mentiras, eso no es necesidad, lo que sucedió ahí no tiene que ver con ello: necesidad es haber aprovechado los árboles frutales y la producción pequeña de esa finquita, no quemar y talar los árboles- hace que todo se derrumbe, que en cuestión de días se disuelva lo que tardamos en levantar años. Un trabajo, un lugar, una casa, un logro, una profesión. Y no queda nada y es que la palabra para todo esto es: impávido. Uno queda así.
De este lado del planeta se está acabando el verano y los días se acortan, está por llegar el frío. Muchas veces digo que en Venezuela no existe el inverno, sólo un verano eterno, fabuloso. Las personas de aquí no pueden imaginárselo.
Hoy siento que no. Que a Venezuela llegó un invierno raro. Que los días se van acortando, que la noche es mucha. Que la tristeza -al menos hoy, a mi- nos va ganando los brazos, y se nos caen.
Atrás quedaron los días en que rodé por los médanos de Coro. Atrás están mis días de sol y playa, y de ver a mi hermana menor aprendiendo a caminar en las orillas del Supi. Atrás van quedando, irreales, cosas como el paseo a San José de la Matera, su estepa, el jagüey con renacuajos y sapos. Galipán y otros pueblos de montaña adentro, como el Jabón -donde las nubes flotan alrededor de uno-, se me hacen de ilusión, como de cuento. Se me quedan allá lejos la lluvia en Portuguesa, las nubes de Acarigua, el río Apure. Parece de mentira el calor de la Guaira, y pierden fuerza en mi memoria, las olas asesinas de Bahía de Cata.
Atrás el sol inclemente de Maracaibo el mediodía, esperando debajo de un árbol de mangos, a que cayera el siguiente, fresco, jugoso, para empalagarme el alma.
Se me acaba el verano, y hoy por una vez en mucho tiempo, he dejado que la tristeza me gane.
Pero es sólo por hoy. Porque el verano retornará, y yo recuperaré alegría para rato.
Esta entrada fue escrita el Jueves, Marzo 11, 2010 a las 23:33 y se encuentra en General. Puedes seguir el RSS 2.0 feed. Puedes dibujar un cordero , o hacer trackback desde tu sitio.

Marzo 13th, 2010 at 4:01
Tristeza, rabia, no sé. Mucha de la gente acá prefiere callar y seguir viviendo el día a día como si las cosas se fueran a arreglar solas, ya sabes como es el venezolano común, siempre esperando un deus ex machina, un milagro que lo salve del atolladero donde él mismo se ha metido.
Yo ya no soy tan ingenuo, ya no siento miedo, tengo ese último resquicio de valentía que les debe dar a quienes a punto están de ser fusilados. Todo por demostrar al menos en un último momento que YO NO FUÍ ENGAÑADO, que yo no me comí el cuento ni tuve miedo a decirlo.
No sé que pasará, mi sika, acá la gente pretende que vivirá por siempre, que las cosas serán así por siempre. Yo la verdad ya no soy tan oportunista, ya no puedo hablar de la electricidad, de la educación o de cualquiera de los miles de problemas que tiene esta revolución sin ser reprendido de alguna manera, bien sea con la mirada llena de ira, con un cambio de tema de conversación, en fin, nos estamos auto-censurando acá, o más bien, a mi ya me censuran, a veces hasta me dicen que me vaya del país, mi país, donde nací.
Tendré que irme como un fantasma sin pena. En una barca, desaparecer con destino a ultramar, entregándome a los designios de Poseidón, en el exilio junto con el sentido común, la moral y las buenas costumbres y los diez mandamientos?
Marzo 13th, 2010 at 9:03
Concuerdo contigo Lieb, imagino que en Acarigua las cosas no están tampoco como pa hablar, y ser outspoken. Pero te digo algo: igual será en todas partes del mundo. Nosotros, dentro o fuera del país, en el círculo social que se nos ponga, somos raritos. Por esa rareza no nos engañaron, por esa rareza no esperamos un deus ex machina, por no ser como el resto, siempre estaremos siendo censurados, o nos mirarán raro, o con rabia.
Lamentablemente, las personas como nosotros ya somos medio parias. Habrá que irse para serlo de todo.
y ponles “que se vayan todos!” de Jose Rafael Briceño, para que empiecen a aceptar la realidad en la que viven. XD
Marzo 28th, 2010 at 1:39
… Vine, porque està pròxima la fecha de los cumples…. Y es una rareza (entera) encontrar otro tocayo (a) en este mundillo tan sabroso de las letras!
;-) Ya tendrè chance de acercarme a este rincòn, con la calma y acuciososidad que merece ;-)
Beny
Marzo 28th, 2010 at 22:56
Se’or, usté como sabe que se acerca el cumple?
Y de donde tocayos? o.O
Igual, puede pasar cuando guste.