Cómo les explico que sí. Me extraño en los blogs, escribiendo alegremente, como siempre, sin prestar atención a lo que digo más que para que quede lindo, y con acentos y espacios y esas cosas que te hacen la vida un poco más cautivadora. La verdad que últimamente no he querido bloguear, chatear mucho, escribir no me salía, y así sin más, fui dejando empolvarse la casita.
No crean que no paso. Este ha sido un tiempo de parar de escribirme. Y escucharme. Y leerme.
Pero sobre todo, vivirme. Conocer una ciudad conocida antes, exige atención entera de todos los sentidos. Sí, he estado ocupada, vivir no me es fácil, aunque a muchos les parezca que me es natural. Los sobrinos crecen sin pedir permiso, y las cosas les suceden a mis nuevos amigos, tanto como a los que dejé en Vzla (como Any que me hará tía de nuevo, como Angie, Jota, Efra, Frank, Luz… y un nutrido etcétera). Ahora acá se unen Rocío, Laura, Solci, Nico, July, y otro etcétera, con acentos nuevos y esas cosas.
Y la sensación de que san telmo es mi casa, me hace feliz.
El leit motiv de mi existencia sigue siendo el mismo de hace más de 15 años: no sé qué hacer con mi vida.
Pero ahí está. Aquí está, y mientras sucede, y la dejo que vaya caminando y saludando gatos en el parque lezama, la observo desde atrás un poco de lejos, no mucho. Me pregunto muchas cosas acerca de ella, pero no la molesto mucho.
La otra noche se metió un gato y durmió conmigo. Después se fue alegremente a buscar otros gatos.
Y ahora las luces amarillas de la avenida caseros se meten por el balcón, y me prometen acompañarme como todas las noches.
Ya la nostalgia no me hace daño.
