Tengo momentos así. En medio del tumulto me provoca sacar la lapicera y escribirte. Hace tiempo que me pasa. Escribirte “Amor”. Sencillo y eficaz. Que te diga cuanto prefiero esa palabra a la simple tortura de no poderla escribir cuando quiero.
Saturada de trabajo, he dejado de escribir. Las ganas me asaltan en los momentos más inoportunos, como hoy en el simulacro de evacuación del edificio. Gente explicando las medidas de seguridad y yo con ganas, tentada a sacar la libreta y escribirte.
Acá me tenés, por fin escribiéndote en mitad de la noche. Fumaría frente a esta pequeña lámpara de haber ejercido alguna vez el hábito. Pero sabés lo floja que soy para mantener hábitos, fanatísmos o nada que se parezca.
Detuve mi trabajo de esta noche para aprovechar el silencio. Cruza el colectivo la esquina mientras la luz amarillenta ilumina un pedazo de mi habitación. Lejos, las luces de la Rivadavia. Siento nostalgia de ir agarrada de la mano de mi madre, alguna madrugada, por la calle corrientes. Fumaría, sí. Ahora apoyada sobre el dintel de la ventana mientras espío la noche. Expelería una nube de humo suave hacia la nada. Y luego diría tu nombre.
Apago el cigarrillo imaginario. Apago la lámpara.
Queda la luz de la calle.
Me meto en la cama donde no estarás.
Llegó el invierno.
Después de tanto tiempo sin verte, ayer te alcancé un papel. Uno que me pediste sin decir palabra, con esa mirada tuya de persona omnipotente, de león todopoderoso que con gestos magnánimos me perdona la vida. Y las he visto. Tus manos, blancas, perfectas. Con las líneas de los pulgares en tensión. Con nudillos y caminos. Limpias. Llenas de líneas como de caricias.
Tus manos, esas que no son para mí.
Y he querido llorar toda la noche desde que las volví a ver. Se han quemado en mis retinas como tu lunar y esa mirada que me das, donde te lamentás de mi.
Pero no he llorado. Y no voy a llorar.
Y así voy arrastrándolas por donde voy, a las ganas. Las ganas de besártelas hasta que se me hinchen los labios.
Hasta que ya no te lamentes de mi.
Mamá es una de las mujeres más increibles que conozco. No lo digo porque sea mi madre, sino porque cuando creo que no hay manera en que me sorprenda, sale con algo que me pone los ojos como platos.
Con esto de las amenazas, hablamos y ella me soprende con su actitud. Yo, con todo lo loca que estoy, jamás habría reaccionado de la manera en que ella lo hizo. Después, no se pregunten de quien aprendí a vivir bajo el código de la mafia, heh XD
Cuando los “supuestos secuestradores” llamaron a mi madre para amenazarla, a la bellezura de mi ma’, no se le ocurrió mejor idea que arrecharse. Enojada como nada, amos. Miedo? Para nada, la highlander esa llamó a sus contactos en las oficinas de movistar y en un periquete, la nena tenía el número desde el cual la habían llamado. Hizo averiguaciones, y se enteró de los números de quienes se habían comunicado a la misma hora, con el número que la llamó a mi madre: unos cuantos de la ciudad de Maracaibo, otros desde Colombia. Mi madre, que desde ahora para mí es una mezcla de “Cristina McLeod Corleone“, no sólo los llamó a toditos PARA CONTRAAMENAZARLOS, sino que le pagó a -sabe Dios quienes- y tiene ahora nombres, documentos, direcciones, de tooooodos los que estaban implicados en la cosa. Además, por si fuera poco, no sólo la están cuidando la policía y la seguridad del Mall donde trabaja…, nop. La estan cuidando también, los malandros que viven en los alrededores.
Hablo con ella la semana pasada, y me dice que la han seguido llamando, por supuesto, pero encubiertos. Primero tratando de sacarle información. Supuestamente una mujer la llamó para preguntarle unos datos porque la habían puesto como “referencia comercial”. Cuando mi madre se les puso dificil, y empezó a preguntar y la mujer no quería decirle nada, mamá le dijo: pasa que en este momentos todos mis teléfonos están intervenidos, porque me están amenzando de secuestro así que mejor me dices quién me puso como referencia comercial.
Y la mujer colgó.
Cuando mi madre se reunió con la policía “cientifica”, los policias le dijeron que ella había hecho algo que nadie hacía. Y que estaba más informada que lo que ellos habrían podido haber logrado, porque ella se movió muy rápido para esto. Toda una Corleone, lo dicho.
Y después, la gente me pregunta que por qué soy tan respondona, y peleo por lo que creo razonable. Claro que yo creo ahora, en este momento quiero decir, que si me pasara lo mismo, no llegaría a reaccionar así en siglos. Jamás se me ocurriría hacer lo que ella hizo.
Ahora mi hermana menor está fuera de la ciudad, feliz seguramente en alguna de nuestras playas paradisiacas (bitch, como te ooodiooo :P) y por esto, con todos los pollitos seguros en otros lugares, mi mamá, mamá gallina con pico duro al fin, mamá guerrera, osada, mamá Corleone, mamá Inmortal, ella, la mejor de todas las mujeres del mundo mundial, y tal, se preocupa por lo escencial:
Mentarles la madre a todos esos hijos de madre. Torera!