-¡Hola!
Él contestó al saludo y después, dijo:
-¿Qué haces ahora?
-Sigo loca. La lluvia es agradable. Me encanta caminar bajo la lluvia.
-No creo que a mí me gustase.
-Quizá sí, si lo probara.
-Nunca lo he hecho.
Ella se lamió los labios.
-La lluvia incluso tiene buen sabor.
-¿A qué te dedicas? ¿A andar por ahí probán todo una vez? -inquirió Montag-.
-A veces, dos.
La muchacha contempló algo que tenía en una mano
-¿Qué llevas ahí?
-Creo que es el último diente de león de este Me parecía imposible encontrar uno en el césped, tan avanzada la temporada. ¿No ha oído decir eso de frotarselo contrala barbilla? Mire.
Clarisse se tocó la barbilla con la flor, riendo.
-¿Para qué?
-Si deja señal, significa que estoy enamorada, ¿ha ensuciado?
Él sólo fue capaz de mirar.
-¿Qué? -preguntó ella
-Te has manchado de amarillo.
-¡Estupendo! Probemos ahora con usted.
-Conmigo no dará resultado.
-Venga. -Antes de que Montag hubiese podido moverse la muchacha le puso eldiente de león bajo la barbilla. Él se echó hacia atrás y ella rió-. ¡Estése quieto!
Atisbó bajo la barbilla de él y frunció el ceño.
-¿Qué? -dijo Montag-.
-¡Qué vergüenza! No está enamorado de nadie.
-¡Sí que lo estoy!
-Pues no aparece ninguna señal.
-¡Estoy muy enamorado!
-Montag trató de evocar un rostro que encajara con sus palabras, pero no lo encontró-.
-¡Sí que lo estoy!
-¡Oh, por favor, no me mire de esta manera!
-Es el diente de león -replicó él-. Lo has gastado todo contigo. Por eso no ha dado resultado en mí.
-Claro, debe de ser eso. ¡Oh! Ahora, le he enojado. Ya lo veo. Lo siento, de verdad.
La muchacha le tocó en un codo.
-No, no -se apresuró a decir él-. No me ocurre absolutamente nada.
-He de marcharme. Diga que me perdona. No quiero que esté enojado conmigo.
-No estoy enojado. Alterado, sí.
-Ahora he de ir a ver a mi psiquiatra. Me obligan a ir. Invento cosas que decirle. Ignoro lo que pensará de mí ¡Dice que soy una cebolla muy original! Le tengo ocupado pelando capa tras capa.
-Me siento inclinado a creer que necesitas a ese psiquiatra -dijo Montag-.
-No lo piensa en serio.
Él inspiró profundamente, soltó el aire y, por último dijo:
-No, no lo pienso en serio.
-El psiquiatra quiere saber por qué salgo a pasear por el bosque, a observar a los pájaros y a coleccionar mariposas. Un día, le enseñaré mi colección.
-Bueno.
-Quieren saber lo que hago a cada momento. Les digo que a veces me limito a estar sentada y a pensar. Pero no quiero decirles sobre qué. Echarían a correr. Y, a veces, les digo, me gusta echar la cabeza hacia atrás, así, y dejar que la lluvia caiga en mi boca. Sabe a vino. ¿Lo ha probado alguna vez?
-No, yo… ,
-Me ha perdonado usted, ¿verdad?
-Sí -Montag meditó sobre aquello-. Si, te perdonado. Dios sabrá por qué. Eres extraña, eres irritante y, sin embargo, es fácil perdonarte.
Farenheit 451. James Bradbury.
A mí siempre me terminaría manchando de amarillo el diente de león. Es inevitable.
:P
Esta entrada fue escrita el Miércoles, Mayo 28, 2008 a las 15:18 y se encuentra en Libros y Autores. Puedes seguir el RSS 2.0 feed. Puedes dibujar un cordero , o hacer trackback desde tu sitio.
