Que no. Que estar soltera sin ella no me sabe a lo mismo.
Mis primeros días de blogger estuvieron decorados por sus besos, sus “mi ninia!”, y sus “petones, pezioza!”
Ains…! Cómo seguir viviendo las bondades de la soltería si no a tengo al lado para zurrarnos e insultarnos mutuamente? Sin hacer competencias por quien ganas más celulitis en un mes?
La extraño, todos todos los días. A veces, cuando estoy con mi sobrina, recuerdo las tardes en Francia, cuando con café en mano (porque siempre era con el café en mano), cuidábamos ambas a la Gorda, ella vía webcam, y yo en casa, tibiecita al lado de la sobri, y ella planeando, con gestos maquiavélicos: “adoptaré una chinita, vas a ver… Ay! qué babazzz! Ya me saboreo lo lindo de una bebé china! Y vas a ser su madrina internética! Ea”!
Y las noches en las que nos divertíamos, navegando y pispeando en las fotos de los “machos de la güeb”, como les decíamos. Nadie me ha hecho reir como ella.
No se salvó ni el loro. Aún cuando ella dejó de bloggear (tanto por su enfermedad como porque empezó a vivir de nuevo más bailando que postrada), siempre teníamos esos rituales de desayunar juntas -más aún cuando vivía en Alemania, en su mismo huso horario- y antes de dormir, chusmear algún rato sobre nuestras vidas, que es lo que sabemos hacer mejor.
Sí. Yo siento que aún chusmeamos sobre nuestras vidas. Al menos yo lo hago. Yo le cuento como van mis cosas, yo le muestro mis lugares favoritos de esta ciudad que tanto amábamos ambas. Cuando veo algún chico estilo “Gaelito”, me la imagino babeandoze mal, y diciendo frases como: peazo de tarada, tenías que enseñármelo? Y para más inri, argentino!
Sin embargo, no es lo mismo. Extraño leerla. Extraño su nick poniendose en línea (no he borrado su contacto de mis correos ni mis messengers. No puedo. No sé cómo…). Y me siento triste. Profundamente melancólica cuando no puedo verla online para contarle, chusmear. Que me diga que cada vez su esposo está más guapo, y que el peque ya de peque le queda poco, amos.
Sé que me trataría de tarada ahora. Pero también me mimaría para que se me pase las taradez :P
Y sé que me diría unas cuantas cosas para hacerme reir ahora. Puedo casi escuchar su famosa “voz de camionero” que tantas veces me hizo reir por teléfono, cuando nos llamábamos aprovechando cualquier estupidez. Amos, nos divertíamos con las boludeces más grandes del planeta.
La escucho opinando sobre lo que hago ahora. De vez en cuando releo sus huellas en este blog. Y me parece mentira que estén ahí, y ella no.
Pero estoy aquí, y me gusta pensar que ella está. Conmigo mientras camino por estas calles, y tenemos los mismos sentimientos.
Sólo quisiera sentirla zurrarme de vez en cuando, como antes.
Esta expresión siempre viene seguida de una propuesta de juego.
Todo el tiempo he pensado que no tenía la creatividad suficiente para escirbir algo para niños. Es decir, uno lee cualquier cuento, por ejemplo, de Elsa Bornemann y queda estupefacto ante sus cuentos. Los de “elige tu propia aventura”… Son pequeños tesoros que guardamos de nuestra infancia y adolescencia. Recuerdo haberlos leído para mi hermana menor, pero jamás pude inventar un cuento para ella mientras fue niña.
Pero la Gorda lo puedo todo!! :P
Eso fue como con el mariachi: hasta que… te conociiii ♪ :P
Cada vez que llego a la casa de mi hermana mayor la Gorda salta sobre mi lanzandose a mis brazos. Literalmente. Su crecimiento y sus cambios han afectado mi vida, y no es hija mía. No sé qué será de mí el día en que sean propios (aunque el destinado a vivir ese karma junto a mi, ni visos de aparecer aún :P).
Disfruto entonces del privilegio de ser tía de la Gorda. Desde que ella entró a la familia, las cosas han cambiado tanto! Pero lo lindo es que en medio de tantas vueltas, pude verla crecer, y ahora la tengo lo bastante cerca como para ejercer el rol de tía sin problemas.
Pero su prescencia me ponía frente a mi incapacidad de hacerle cuentos para ella. Qué verguenza no? Hago unos poemas en estas páginas que les poenen a ustedes los pelos de punta, pero un cuentecito mínimo para la Gorda.
Era tarea titánica. Simplemente, si me lo proponía, no salía nada.
Una noche, mientras ella se colgaba por enésima vez de mi cuello, estando en su habitación, se lanza a la cama y me dice: vamos a jugar a que yo soy un cuento!
Me río. No podía creer su juego. Era simplemente la perfección de la Gorda en todo su esplendor, esa que ilumina tanto los ojos de la tía. Se acuesta en su camita y le digo: bueno, tus brazos son las páginas del cuento, esta bien?
Asiente, con una sonrisa.
-Había una vez… -le digo -una flor rosada (la que estaba estampada en su franela). Esta flor rosada estaba muy triste.
Paso la página abriendo y cerrando sus brazos de un lado a otro. Sigo.
-¿Por qué estaba triste la florecita? Es que su amiguita la lluvia, no venía a visitarla.
Y así seguí el cuento. No recuerdo toda la aventura de la flor del cuento, pero sé que tanto le gustó este juego a la gorda, que de vez en cuando me lo pide.
Y como si fuera nada, brota de mí la historia. Algo chiquito, pero que la hace sonreir.
-Había una vez… Un cuento toooOOOoodo violeta. Las páginas eran violetas, las palabras eran violetas, las portadas eran violetas, tooooOOOoodo violeta.
Se rie con expresión cómplice.
-El cuento no sabía que existían otros colores. Vos podés decirle cuáles colores se está perdiendo? -la Gorda asiente.
-Esa tarde el cuento salió de paseo y vió una nube. De qué color es la nube?
-Blanca -dice sonriendo ampliamente, la Gorda/cuento de esa noche.
-Luego vió el cielo. De qué color es el cielo?
-Celeste -dice la Gorda, que ya sabe lo que es el azul más claro ;-)
-Más adelante se encontró con un árbol. De qué color es el arbol?
-Verde -pronunciando la “r” dificilmente, como una “d” arrastrada muchas veces.
-Y qué sorpresa al ver una flor! De qué color es tu flor?
-Dddosa! -dice la Gorda, que ama el rosa.
-Entonces el cuento pudo ver que habían muuuuucho otros colores, y que sin esos colores, no podríamos ver las nubes, ni el cielo, ni los árboles, ni las rosas.
-No podríamos ver nada! -concluye la Gorda, que no sabe lo que es calibrar el monitor a 32 bits :P
-Por esto el cuento fué a buscar más colores para ponerle a sus páginas, y ahora está vestido “nindo nindo”. Y pudo desde entonces disfrutar en sus páginas de las nubes, el sol, las flores, y todo lo que vemos cuando vamos al parque. Fin.
La expresión “ninda, ninda”, es acuñada originalmente por la Gorda.
Bueno, y si al final no tuviese hijos, me quedo con este recuerdo en el alma. Ejercer el rol de tía por ahora, me tiene los días, y mi capacidad de mimos ocupada hasta nuevo aviso :D
PS: Santiago crece y cada día está más hermoZo, y tanto mi hermana como yo tenemos las cámaras rotas y en reparación! Tenemos 2 meses sin arrancarle ni una foto, y ‘tamos atacadas! Help!! :S