Hoy estamos así:

No pregunten, sólo siganme la corriente :P
Hoy estamos así:

No pregunten, sólo siganme la corriente :P
Una vez había contado acá en el blog, a modo de chiste, el miedo que les tenemos a los cuerpos policiales en Venezuela. Es una de las primeras cosas que aprendes cuando eres niño. No confíes en ningún policia, es probable que te haga más daño que cualquier delincuente que ande suelto. Uno cuenta este tipo de cosas en otros países, y siempre obtiene reacciones de incredulidad, y nos acusan de estar exagerando.
Estuve enferma estos días y como no me conectaba, no pude hacer este post antes. Y aunque el tiempo pase, no puedo ni quiero ni debo quedarme callada ante esto.
Afrael Ortiz es uno de esos amigos entrañables, que como dice Richard Bach, la esperanza reconoce apenas entran por la puerta (o te dejan un comment, como en mi caso). La policía de Venezuela asesinó a su primo. Para agregarle más terror a este suceso, para cubrir la cagada soberana que se mandaron, se han dedicado a ensuciar el nombre de una persona sencilla. De un “venezolano de a pie”.
La historia es aterrorizante, porque uno piensa inmediatamente en su familia. Para personas que estamos lejos del país, es aún más angustiante pensar “me pasará a mí”. Es una medio pregunta medio afirmación. Nadie tiene garantía de vida en mi país. Y es lo triste y sé que por esto es que Afrael y su familia luchan.
Porque nos quedamos en el aparato siempre. Porque vemos pasar la injusticia y nadie hace nada. Nos quedamos de brazos cruzados porque “YA ES NORMAL”. Es normal que nos atropellen, que nos maten, que nos hagan daño y a nadie se le mueva un pelo. Es normal. Cuando leí el artículo que puso Afrael, nadie tuvo que explicarme que si ellos luchaban, los iban a perseguir. Yo ya lo sabía. Conocemos estos casos, no es el primero y lamentablemente, aún no será el último. Por ahora.
Estamos CANSADOS. Cansados de que vivir así sea normal. Lo normal sería poder enseñarle a nuestros hijos que si te pierdes, puedes buscar a un policía para que te ayude. Que podemos buscar a un policía en caso de sentirnos en peligro. Lo normal debería ser no sentir miedo.
A Yanis Chimaras, actor queridísimo de Venezuela, lo asesinaron. A las semanas nadie más hablaba de esto. Lo triste es que así somos. Pasan las cosas pero es como si no pasaran. Porque ya estamos acostumbrados a esta miseria.
Ya no más. No quiero sentirme nunca más así. Ver al primo de Afra y pensar que pudo pasarle a mi padre o a alguien de casa (Dios no lo permita). Pero es miedo. Miedo e impotencia.
¿Qué queremos? ¿Qué busca la familia de Pericles, el primo de Afrael?
QUE LO ASUMAN. QUE ASUMAN QUE SE EQUIVOCARON.
QUE PROCESEN A LOS DESGRACIADOS QUE NOS ROBARON LA PAZ.
QUE SE DISCULPEN CON LA FAMILIA DE PERICLES POR EL TERROR Y LA ANGUSTIA QUE LES CAUSARON.
QUE SE DISCULPEN CON TODOS LOS VENEZOLANOS. DEBERÍA CAÉRSELES LA CARA DE VERGÜENZA.
De hecho, no debería haber periodista que les tome declaraciones si no es para disculparse con la familia Ortiz.
Tenemos dolor, indignación, cansancio. ¿Hasta cuando?
Me apunto al movimiento blogger que se está quejando CON TODO EL DERECHO DEL MUNDO sobre este crimen. ES UN CRIMEN.
¿Qué parte de esto no entendieron? Tenemos derecho a quejarnos porque NO ESTUVO BIEN. NO ACEPTAMOS MENTIRAS NI DISCULPAS.
Señores, ¿en qué momento perdieron el norte y decidieron convertirse en los malos de la película? No puede ser que los venezolanos crezcamos con la idea de que es un mito hollywoodense eso de que existen policias que luchan contra el hampa, y que los verdaderos sólo son la porquería que nos muestra esta realidad de día a día, donde el caso de Pericles no es aislado.
Estos son los momentos en que mi país me duele profundamente.
Afrael, sabes que estamos contigo.
Ella le cantó un tango, sentados frente al río.
Él la besó.
…And she thought: life is strange.
Él amenazó con desarmarla si seguía leyéndole así.
Ella hundió la frente en la noche de su pecho.
busquemos las antiguas cenizas del corazón quemado
y allí que caigan uno por uno nuestros besos*
Leyó.
Y continuó leyendole toda la noche, presa de la amenaza.
*poema XCV de los “100 sonetos de amor” de Pablo Neruda.-