Qué memoria será capaz de guardarnos en nuestra ternura?
Decime, por favor.
Qué o quién será capaz de contenernos, a nosotros,
estos que somos cuando estamos entregados al
otro?
Yo no puedo sola con esto que me rebasa. La ternura me arrasa la vida.
Tengo heridas abiertas que no sangran, que no se vierten y nadie las conoce.
Qué estremecimientos te obligan a callar, en medio de la penumbra?
Sólo yo puedo ver las heridas que te hice nacer. Esas que se abren como las valvas de las ostras.
Necesidad.
Quién te dijo que estaba viva? Quién te condujo a mí, a mi nombre que me hace dar vueltas sobre mí mísma?
Quién te enseñó mi pobre morada?
Por qué viniste a descrifrarme las sombras?
Extiendo mis pobres muñecas, abiertas como bocas de hambre ante tus ojos.
No sangran. Pero estan abiertas.
Es el dolor sordo.
Un día tocarás con tus dedos mi boca.
Ellas cerraran todas sus mudos gritos.
Un día mi boca tocará la tuya. Y todas las heridas que te hice cerrarán con estrépito salvaje.
Huirán los silencios, todos.
Entonces si, sangraremos.
No pararé de manar sangre.
Te hablaré hasta que se me caigan los huesos.
