Oliverio,
Tu misión de gaviota
te hace seguir caminos lejanos.
Busco conocerte, lo sabés.
Soy hija de esto en que se hunden mis pasos
esto que el mar lame y lame y bautiza con vaivén
esto lleno de sol y de dolores.
Soy este coral terrestre que no se anima,
pero si he de tener tus pájaros,
he de aprender el vuelo que suscitas.
Desde acá mis latidos te dicen
-con todo el miedo del que soy capaz-
“voy”
no puedo seguir dilantándolo todo.
Tendré miedo como siempre
pero solo vos sabés respetar mis miedos
sabes que a pesar de ellos
en la punta de mis pies de geisha
llevo siempre el salto a la aventura.
Ya mis manos se estiran extendiendo mis dedos hacia ti
Alcanzaré el lado de tu costa y olvidaré
el encierro de la maceta
aunque nunca dejaré de sentir en el costado de la sangre
al sol que blanquea este borrador de vida y milagros diarios.
Esta entrada fue escrita el Lunes, Febrero 5, 2007 a las 12:26 y se encuentra en Poemas, Oliverio y Alejandra. Puedes seguir el RSS 2.0 feed. Puedes dibujar un cordero , o hacer trackback desde tu sitio.

Febrero 5th, 2007 at 19:04
Y esto señores, esto sí es un alivio entre clamores. Entre esperpentos que sólo viajan buscando eclipsar al aire.
Entre sucintos manojos de manzanilla que se esparcen en la colina y que únicamente brindan solaz aquien suspira.
Saludos,
P.D.
¿Sabes que me parece que sigues teniendo ese andar tan característico entre las mujeres con sexto sentido?
:)
Febrero 6th, 2007 at 9:05
Es que lo petisa no se me quita ni con zapatos altos :*