Alguna vez tenía que decirlo. Soy chiquita. Así de sencillo. Al menos mi mamá, quien es unos centímetros más baja que yo, tiene la super excusa de haber contraido todas las enfermedades habidas y por haber, hasta la viruela negra, que casi la manda al otro lado. Yo simplemente nací así. Medí menos de lo normal cuando nací, pesé unos 2,750 kg. Deberían ver las fotos, mi papá luce enorrrrrmeee cargandome, yo toda rosada, envuelta en una gran mantilla rosa.
Como es natural, en todo siempre fui destacada por esa menudez. Mis compañeros de colegio se entretuvieron una clase de voleyball entera, pasandome de brazos.Una de las chicas me cargó, para ver si era muy pesada. La siguiente le dijo “para ver?” y con esa frase fui pasando de un par de brazos al otro, y cuando quise darme cuenta, estaba del otro lado de la larga fila de 50 alumnos, todos comentando cuan cierto era: yo pesaba como pluma.
También tiene sus ventajas. Una vez nos quedamos sin la llave de la reja de la casa, y yo pasé perfectamente por los agujeros, entré por la puerta de madera, y saqué la llave. Obviamente usé eso muchas veces, para mis propios beneficios. También descubrí con ello, que mis huesos son bastante adaptábles, y puedo disponerlos a mi antojo cuando deseo pasar por lugares de poco espacio. No habrá manera de ponerme un par de esposas: primero, tengo un par de muñecas tan pequeñas, que las pulseras de ciertos recien nacidos me calzan perfectamente. Segundo, los huesos de mis manos se escurren literalmente de cualquier cosa. Nunca tuve necesidad de abrir mis pulseras.
Lo más resaltante es cómo me gastan bromas al respecto mis amigos. La gente de Venezuela es muy bromista, le encanta reir, y a veces se meten con la más absurda bobería y la transforman en un festín. La gente de Maracaibo no se queda atrás. De manera que cada vez que comienzo alguna anecdota con la frase “Cuando yo era chiquita…” alguien invariablemente exclama: “Eras?” “Cuando dejaste de serlo?” “Más? Es acaso posible?”
Es inevitable.
Particularmente, siempre pensé que eso era una ventaja. Principalmente porque no hice sufrir a mi mamá en el parto. Cuando quiso darse cuenta, yo ya tenía mi cabecita afuera. Además, siempre era la primera en todo tipo de formaciones, la protegida de los más grandes, la mimada de los adultos. Pero por sobre todas las cosas, todo adulto que me quería, deseaba cargarme.
Marta, una señora argentina cuya familia visitábamos a menudo, me decía “Petisa”. Para mí, esa palabra era muy dulce, además, estaba acompañada casi de inmediato por un ofrecimiento de coca-cola, mi deleite. Su esposo, Julio, era no sólo alto, sino gigante en todo sentido, y al verme, me apretaba entre sus brazos de oso, haciendome pensar que algún dia perdería el control de esa fuerza. Y mis ojos, que siempre lucieron enormes en mi rostro, miraban todo a su alrededor tan atentamente como ahora, brillaban y absorbían todo cuanto los adultos decían, mientras yo sorbía de a poquito mi coca-cola, y en mi rincón, estudiaba y disfrutaba a plenitud ese sentimiento de ser pequeñita, amada, dichosa, y admirada.
Tan pequeña como estaba, era requerida por cuantos brazos me veían. Supongo que eso fue lo que me ganó la envídia temprana de mi hermana mayor. Eso, y que mi madre le repetía constantemente “la suerte de la fea, la bonita la desea”. Así pues, supe que era la fea de la casa, pero no me preocupó en lo más mínimo. Porque para mí tener suerte, era como poseer magia. Como tener un gran tesoro que sólo podía beneficiar a quien le pertenecía. Y crecer con esa certeza de posesión de “únicamente lo bueno y sólo lo bueno”, me hizo brillar más allá de lo visible por ojos normales. Poseo desde entonces magia verdadera, de la más pura y blanca.
Aún así, más allá de la magia en mis bolsillos, más allá de la coca-cola de Marta, de poder escurrirme, de mis ojos capaces de encontrar la sabiduría en lo más simple, había algo más maravilloso. Sentirme cargada por los brazos de mis padres.
Puede que muchos no recuerden esa sensación. No sé porqué en esta noche he recordado todo esto, algo que soy incapaz de olvidar. Ser tomada en brazos por mis padres siempre fue uno de los gestos de amor, de privilegio, más deliciosos que he tenido. No es dependencia de los padres, sino libertad. El amor te protege, te cubre, te lleva cuando estas con sueño, te mece, te hace saltar… Y el contacto físico, esa mezcla de las energías de dos seres que comparten amor, bueno… creo no tengo que explicarles más.

Tenía 6 años. A la mayoría de los niños de esa edad no se les carga ya. Pero yo aún seguía siendo consentida en eso, más que mi hermano menor, que era más pesado y me llevaba algunos centímetros (con esa cabeza, quien no). Esa madrugada llegamos al aeropuerto de Brasil, mientras mamá me explicaba que el avión necesitaba combustible, y otras cosas, y la gente también quería estirar las piernas antes de emprender el viaje de nuevo. Aprovechamos para conocer ese aeropuerto y compramos algunas cosas. Mamá me llevaba cargada por las escaleras mecánicas, aún no me habían enseñado. En una de ellas, me colocó en el suelo, y me dijo: A la cuenta de tres. Y después de dos escaleras, ya era una experta (jeje).
Ya no soy levantada en brazos, obviamente. Aunque sigo siendo pequeña de tamaño, y consiguiendo la atención de las personas por ello (y otros encantos desarrollados a lo largo del camino, por supuesto). El no dejar que alguien me levante (ahora es incómodo para mí), responde tal vez, a que quien me levanta es siempre alguien adulto, como yo. Y he perdido esa sensación de protección, más bien, ahora me da pavor que pierdan el control. Supongo que he crecido en más de un sentido, y supongo que no existen los gigantes. No desde que mi tío abuelo Orlando Loos murió hace unos años, privándome de sus enormes abrazos, y sus hombros que me levantaban con facilidad por encima del mundo. Si tienen niños, no dejen de tomarlos entre sus brazos, aunque cuando crezcan no lo recuerden ya. Rezo porque haya un pequeño cofre dentro de los corazones de las personas, guardando esa clase de secretos y dorados tesoros.
Por mi parte… qué más puedo decirles!! Un chico me dijo que amaba mi cuello pequeño, mis manos chiquitas, todo lo menudo de mí. Cuando vuelva a comparar sus manos con las mías, recordaré a mi mamá y sus palabras, aquellas que me trajeron los dones a los bolsillos de mis párpados, la belleza de afinar mis sentidos, la sabiduría de descubrir que hay una llave que encaja perfectamente en la cerradura de el cofre que soy, que encierra un par de ojos oscuros, un par de pies y orejas pequeñas, un par de piernas transparentes. Y un par de brazos… buenos para abrazar, para levantar los hijos que me nazcan aunque esos días no vuelvan jamás.
Publicado en mi antiguo blog de pitas: Sikanda. El 15 de junio de 2003.
Esta entrada fue escrita el Viernes, Enero 14, 2005 a las 12:07 y se encuentra en Uncategorized. Puedes seguir el RSS 2.0 feed. Mas abajo puedes dibujar un cordero.

Enero 14th, 2005 at 13:44
Que relato más dulce. Excelente.
Además, te congratulo por tus poderes, ¡eres un Incredible!…
;-)
Enero 14th, 2005 at 14:58
lindo relato, no sabía que habían hobbits en Maracaibo! :-P
Enero 14th, 2005 at 15:07
Sabia que lo habia leido antes :D
Enero 14th, 2005 at 15:30
Los retropost son los mejores :), me gustó mucho. Simpre me ha parecido singular como podemos contar nuestras vidas, como la vida hace cambiar un ser humano y como el ser humano puede moldearla como desea.
Enero 14th, 2005 at 15:51
Gracias Arnoldo, no lo había visto de esa manera :-P
RomRod, :oP
Neon, todo vuelve ;o)
Pat, la intención es seguir con el post luego, por eso deben tenerlo aqui a la mano, pero los retropost nos hacen releernos con ojos de años después… y son interesantisimos, sin duda :o)
Besos :o)
Enero 14th, 2005 at 16:06
Yo no lo había leído antes, pero lo disfruto igual. Mi hija tiene justo 6 años, y le sigue encantando que la cargue. Ahora la entiendo mejor.
Enero 14th, 2005 at 16:27
Que lindo Armando, me agrada que ahora la vayas a cargar mucho más ;o)
Besotes :o)
Enero 14th, 2005 at 16:58
Es inevitable no cargar a tus hijos… Con el barrigon de 7 meses de embarazo que tengo y los lumbagos que me han dado yo sigo cargando a mi Maya.
Yo tambien fui muy peque#a hasta los 15 mas o menos, es mas, en el colegio me conocen como la pitufa.. asi que te puedes inmaginar… Lo comico es que ahora muchos de los que me llamaron pitufa son mas peque#os que yo :-/
Enero 14th, 2005 at 17:17
Hahahahha, qué cómico Meibell, seguro estará bueno eso de verlos desde arriba con cara de “uh? uh?” hahahha
7 meses ya?? Dios mio como vuela el tiempo, cuídate! :o)
Enero 14th, 2005 at 17:44
Hola he llegado hasta ti, por otro blog, que te recomienda :)) blogia/alegriasytristezas
Y en verdad es un blog, precioso :)
Felicidades el diseño, los textos, los sentimientos son preciosos :)
Saludos desde México.
;o)
Enero 14th, 2005 at 18:17
Gracias Corazón :o)
(no conozco ese blog que me recomienda, iré a verlo, gracias por el dato :o)
Enero 14th, 2005 at 19:42
A mi también me quedan esos recuerdos. Pero ninguna foto, no existen fotos de mi pasado no entiendo por qué? Escribiré sobre eso, siempre me inspiras. Un beso.
Enero 14th, 2005 at 21:09
Mi amor, vi tus mensajes papito, pero estaba de compras. Me alegro que te haya gustado el post, ya veré el de Freddy, besos para amobos :o**
Enero 14th, 2005 at 21:53
Changos Norya Lyn, ha sido toda una experiencia leerte el día de hoy.
Enero 14th, 2005 at 22:04
hahha, gracias Gabriel :oD
Enero 15th, 2005 at 3:04
Que lindos recuerdos…una infancia feliz siempre forja hombres y mujeres de bien…debemos cuidar y proteger nuestros niños, y nada mejor que darles un abrazo.
Enero 15th, 2005 at 5:54
De pana :o)
Enero 15th, 2005 at 6:31
un abrazo apretado, mas que apretujar los cuerpos, rejuntan las almas, se comunican entre ellas y comparten lo mejor que tiene que compartir.
que mas diera ahora por un abrazo apretado, una mirada temerosa, un beso inesperado; pero creo que todavia no encuentro a nadie con quien mi alma platique agusto.
buen post. remembranzas de un pasado digno de recordar
Enero 15th, 2005 at 20:50
Gracias Kaju :o)
Enero 16th, 2005 at 10:47
Pues nunca te escribo, pero ahora lo hago convencido de varias cuestiones:
1.-Las mujeres pequeñas ocupan menos espacio en las maletas a la hora de viajar.
2.-Es más fácil agarrar a una mujer así, pequeña, para llevartela en el bolsillo cada vez que sales. Definitivamente, es mejor que cargar con la cartera. Por lo mismo, son más prácticas.
3.-Un poema de “amor grande” las cubre mejor de las inclemencias del tiempo y el espacio.
4.-Las féminas diminutas caben perfectamente en un beso de tres minutos -tiempo considerado por algunos expertos como la duración exacta del presente.
5.-Si tienes una mujer de dimensiones concretas es más fácil recordar todos sus rasgos sin ningún problema. Los dibujas de memoria.
6.-Las niñas pequeñas caben en el corazón mejor que los glóbulos rojos, esos sólo viajan por ahí, haciendo bulto. En cambio la mujer te da vitalidad y sin duda mejora la vista de quien la observa.
Enero 16th, 2005 at 15:03
Estooo… Cielo, menos mal que no comentas, porque cuando te decides superas al post! :oD
Bellísimo lo que me has escrito, tengo una hora releyéndolo y sonriendo :o)
Gracias, es hermoso lo que has compartido conmigo :o)
Besos :o)