28 Enero 2005
Kept the Rain
Vestida por la lluvia
quiero ser besada por tu boca única de sed
que me arrases con tus manos.
Bébete mis hombros
en mí el aroma de los cristales antiguos
la transparencia de mi respiración.
Despojame a tajos del frío.
Átame a tu corazón, bosque dormido.
25 Enero 2005
La espera, la memoria
“¿A dónde iré yo lejos de tu Espíritu?
¿A dónde de tu rostro escaparé?
Si subo hasta el cielo allí estás tú
Si desciendo hasta la muerte, allí te encuentro.
Me acosas por detrás
Me atacas por delante
Y al mismo tiempo
tienes puesta sobre mí
Tu mano
Y esto es ciencia misteriosa para mí
Ciencia que no llego a comprender
Ciencia tan alta, que yo no la entiendo”
Se me ocurrió que así es como se siente el amor. Así es como se siente, como se respira y como se duele. Se siente sobre la cabeza, adonde sea que se vaya o se mire, aunque sea ciegamente. Se siente cuando se está arriba, y cuando se está abajo. No se puede huir de él, ni esconderse, ni esquivarle. Pero posa su mano suave sobre el pecho y lo hace latir como nunca. Es un ataque.
“Es
ya lo sé, el amor:
la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria
el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías,
con su pequeñas magias inútiles.”
El horror de vivir en lo sucesivo. Vivir con este misterio, con las preguntas, con los secretos y la ansiedad.
Sólo así se está vivo, con todas las letras.
Vino con sus pequeñas magias inútiles, sí. No serán útiles, pero quiero quedármelas. Es la magia que me das. Vino y no se va.
Ahora es mío.
El nombre de un hombre me delata
Me duele un hombre en todo el cuerpo
21 Enero 2005
Yo, la que cree
Creyendo en lo imposible
William Blake dice en uno de sus textos: “todo aquello que hoy es una realidad, antes era apenas parte de un sueño imposible”; y por causa de eso tenemos hoy el avión, los vuelos espaciales, la computadora, donde en este momento escribo la columna, etc. En su primera obra maestra “Alicia a través del espejo”, Lewis Carroll describe un diálogo entre el personaje principal y la reina, que había acabado de contar algo extraordinario.
- No puedo creerlo – dice Alicia
-¿No puedes? – repite la reina con aire triste.– Intenta de nuevo: respira hondo, cierra los ojos y cree.
Alicia se ríe:
-No sirve de nada probarlo. Solo los tontos creen que puedan suceder las cosas imposibles.
-Me parece que te falta un poco de práctica –responde la reina– Cuando yo tenía tu edad me entrenaba por lo menos media hora diaria. Después de desayunar, hacía lo posible para imaginar cinco o seis cosas increíbles que podrían cruzarse en mi camino, y hoy veo que la mayor parte de las cosas que imaginé se hicieron realidad, inclusive me volví reina por causa de eso.
La vida nos pide constantemente “¡cree!”. Creer que un milagro puede suceder en cualquier momento es necesario para nuestra alegría, pero también para nuestra protección, o para justificar nuestra existencia. En el mundo actual mucha gente juzga imposible acabar con la miseria, tener una sociedad justa, disminuir la tensión religiosa que parece aumentar cada día.
La mayor parte de la gente evita la lucha bajo los más diversos pretextos: conformismo, madurez, sentido del ridículo o sensación de impotencia. Vemos la injusticia que se aplica a nuestro prójimo y nos quedamos callados: “No voy a meterme en peleas” es la explicación.
Ésta es una actitud cobarde. Quien recorre un camino espiritual carga consigo un código de honor que debe ser cumplido; la voz que clama contra lo que está mal siempre es oída por Dios.
A pesar de eso, de vez en cuando escuchamos el siguiente comentario:
“Vivo teniendo fe en sueños, muchas veces procuro combatir la injusticia, pero siempre termino decepcionado”.
Un guerrero de la luz sabe que ciertas batallas imposibles merecen ser libradas y por eso no teme las decepciones, ya que conoce el poder de su espada y la fuerza de su amor. Él rechaza con vehemencia a quienes son incapaces de tomar decisiones y están siempre procurando transferir a los otros la responsabilidad de todo lo malo que ocurre en el mundo.
Si él no lucha contra lo que está mal – aun cuando parezca superior a sus fuerzas – jamás encontrará el camino correcto.
Mi editor iraní, Arash Hejasi, me envió una vez un texto que decía:
“Hoy una gran lluvia me sorprendió mientras caminaba por la calle… gracias a Dios tenía mi paraguas y mi impermeable. Sin embargo, ambos estaban en el maletero del coche, estacionado bien lejos. Mientras corría a buscarlos, pensaba qué extraña señal estaba recibiendo de Dios: tenemos siempre los recursos necesarios para enfrentar las tempestades que la vida nos prepara, pero la mayor parte de las veces estos recursos están encerrados en el fondo de nuestros corazones, lo que nos hace perder un tiempo enorme intentando encontrarlos, y cuando los encontramos, ya hemos sido derrotados por la adversidad.
Estemos, por lo tanto, siempre preparados, pues en caso contrario o perderemos la oportunidad o perderemos la batalla.
www.warriorofthelight.com Copyright @ 2004 by Paulo Coelho
Hay batallas que valen la pena, sí.
Hoy suelo pelear cada día conmigo misma,
a veces gano, a veces pierdo.
Hoy suelo luchar por vos contra vos mismo.
A veces pierdo.
A veces gano.
Aún en esta batalla,
cuando pierdo, salgo ganando.
Cree
Cree en mi risa
en mi voz cuando pronuncio tu nombre
y susurro “te quiero”.
Aunque me quede para siempre etérea.
Aunque todo nos juegue en contra.
19 Enero 2005
Aclarando
Por las buenas soy buena. Y siempre tendré momentos en que por andar de ingenua terrible, no me daré cuenta de lo que me están diciendo, sino hasta que mi cerebro lo analiza y me lo grafica en el consciente como diciendome: mira, tarada, voltea que te han tratado de “esto”.
Muchos son los que me visitan, pocos los que comentan. Son muchos los que me leen desde el principio, algunos comentan, otros llevan la vida del blog sólo leyendo y disfrutándolo.
Por eso no puedo pedir que me conozcan del todo. Por eso siempre espero que me conozcan a través de mis amigos. Amigos que han nacido espontáneamente, sin pretensiones de ningun tipo. Cariño libre, que da y que recibe de manera natural, sin manchas de obligaciones, ni segundas intenciones, ni coacción de elementos externos.
Por medio de estas personas, que trabajan, que sueñan, que viven sus vidas y que espontánea y libremente ayudan y se donan al otro; por medio de gente como la que hay en Veneblogs, esa misma que recibió hace poco a Caribe en el aeropuerto sin siquiera haberle visto una vez, esa misma gente es la que me define como amiga, como blogger, como mujer que vive de expresarse, y como ser humano.
Porque bien me decian mis abuelos (esos que estan en argentina): dime con quién andas, y te diré quien eres.
No hay mejor carta de presentación para mí, que la hermandad y solidaridad que hay entre mis amigos y yo. Y aquel que entra a mi vida, sabe que la regla es “ser libre”. Libre para hablar o para callar. Libre para saber dar, y libre para saber y aprender a recibir. Es que, en estos últimos días he observado que sí existen ese tipo de personas. Esas que no han aprendido a recibir, sin sospechar que algo queremos a cambio. Esos pobres seres que aún no saben disfrutar de la libertad que te brinda ser amado, ser querido, ser respetado en toda la extensión de lo que eso significa
Sí, hay personas que viven paranóicas, pensando cualquier cosa de los demás, menos la razón acertada por la cual hacen las cosas. Y esa misma paranoia, se la atribuyen a todo aquel que se les acerca con la mano extendida y el corazón abierto.
Gente que no a aprendido a recibir, por muchas razones. No soy yo quien venga a explicarles ahora, por qué o por quienes podemos quedar traumatizados toda la vida de tal manera que nos cueste luego recibir. Pero lo digo por experiencia, y muchos lo saben bien. Hace mucho me coartaron la libertad de recibir y dar amor. Pero yo vencí mis temores. Aunque este tema no viene al caso, es para que se sepa: sé lo que significa no poder vivir la libertad del verdadero amor.
Por eso, cuando alguien me toca un amigo, de la manera que sea… me encuentra. Y me encuentra como nunca se lo imaginó. Puedo ser todo lo tierna, dulce, cariñosa y sutil del universo. Puedo esconder el cariño que nadie se sospecha, la ternura que siempre quisiste tener, o la paciencia del oído siempre abierto y la mano siempre extendida, para escuchar, consolar, aconsejar.
Todo esto no es nuevo para quien me conoce y está acostumbrado a mi paciencia infinita y mi preocupación que me ha ganado hijos sin haber parido siquiera uno.
Como dice mi mamá: quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Y en este lugar, y en real life, siempre he tenido buena sombra. Y espero haber sido buena sombra para otros.
Por las buenas soy buena, sip. Toca a alguno de mis amigos. Piensa tan siquiera mal de alguno de ellos. Búscame y me encontrarás. Y el que me conoce sabe que no es juego, ni palabrería barata.
Porque señores… como me canso de decirle a muchas de mis amigas: los amores pasan…. pero las amistades quedan.
Yo me siento millonaria, mis millones son mis amigos. Cuando ellos son felices yo soy feliz. Cuando desean dar les ayudo, cuando reciben yo lo celebro.
Por encima de mí misma están ellos. Y pobre del que me toque a uno solito o piense lo que no es de alguno de ellos.
Por las buenas soy un cordero. Por las malas… soy peor.
(Linda me quedó la declaración acérrima de amistad… no? :oP)
17 Enero 2005
Small Memories
•Recuerdo: 9 meses de edad.
Gateo por un pasillo que para mí es del tamaño de todos los cielos. Es casi mediodía y gateo hacia mi mamá. Ella me sube a una silla de comer, y exclama: Norya Lyynnnn Lynnnnnnnnnnn Lynnnnnnn Lindaaaaaaa!!!!
Y yo, emocionada, muevo las piernas de manera frenética.
•Recuerdo: 10 meses de edad.
Despierto como siempre, tarde. Tengo el ánimo aún fresco, y después de vestirme, mamá me coloca sobre la andadera. Como todos los bebés, hasta entonces sólo logro hacerla rodar hacia atrás, como si caminara siempre en reversa.
Llego hasta la sala como puedo y observo. Hay un gran… gran pino californiano natural, que mi padre había traído la noche anterior del puerto. Ellos han pasado hasta la madrugada adornándolo, y está subido a una pequeña mesa de madera.
Mis ojos, que de por sí son enormes, se extienden como dos O al mismo tiempo que mis labios extienden una exclamación. Corro desesperadamente hacia la visión de colores que roza con el blanco techo, y lo toco. No puedo soportar las ganas de tocarlo, saber que está ahí. Tiro de una rama. El árbol comienza a moverse hacia mí y lo veo abalanzarse para caer.
Grito como si en ello me fuere dado la vida y huyo a toda la velocidad que la andadera me lo permite. Mis padres corren al rescate.
Fue la primera vez que anduve hacia adelante en toda mi vida.
•Recuerdo: Tal vez cerca de los 3 años de edad.
Nos encontramos en uno de esos restaurantes de caracas, donde los olores me perturban y me hacen abrir los ojos como platos. Una vez más, cargada en brazos, me llevan y me traen. Las luces son suaves y no me molestan. Mi mamá me coloca en una de esas sillas especiales para los niños, que se pueden ver en muchos restaurantes. Empiezo a parecerme a los gatos, porque me encantan los lugares altos: domino el escenario y puedo observar a mi antojo, además de que alcanzo perfectamente el pitillo con la promesa de un vaso repleto de cocacola al final. Las burbujas son demasiado nuevas para mí y las cosquillas son casi insoportables. Mamá me arranca el vaso porque me lo tomaré todo de un sólo golpe, como hago con todo lo que se deje succionar. Sus manos, grandes y suaves para mí, me miman y me tocas, acomodan segun me desarreglo, toman mis piernas frenéticas, de vez en cuando. Aún no creo haber aprendido a decir “no”. No recuerdo haberlo dicho nunca.
•Recuerdo: 3 años de edad.
Es de noche. La habitación donde duermo tiene un papel tapiz extraño, de abigarradas formas. A mi hermana mayor le han dado hace tiempo, mucho para mi pobre escala, una radio con la forma de la cabeza de mickey mouse. Creo que ya le hemos rayado la nariz negra con un lápiz mal puesto. Funciona a pilas aunque es ahora cuando puedo comprender ese concepto. A estas alturas desvelarme es un derroche de mis sentidos. Juego con mis pies y me los llevo a la boca, mordiendome los dedos. Me aburro de mi cama y salgo de ella, con una radio de mickey mouse en la mano, y algunos aros de colores por botín. La radio toca música, pero no tiene pilas. Toca música porque yo la hago tocar. Salgo por el pasillo, la única luz vigilante en la casa, que alumbraba precariamente la habitación.
Me siento en un comedor de techo altisimo, sobre una alfombra, contra una pared. En la oscuridad, veo figuras que se levantan, colores, oigo personajes hablarme en idiomas que desconozco pero que me hacen reir. Juego conmis aros que se transforman en cosas vivas, suben hacia el techo y me muestran los secretos de universo, y yo veo los espejos de las paredes vibrar. Me gustan los marcos dorados de las cosas, la gente también tiene un marco dorado, gateo debajo de la mesa para rescatar un juguete perdido. hay una cadena dorada que me hipnotiza por su belleza.
Regreso a mi habitación, subo a mi cama, deslizandome a través de unos barrotes blancos de plástico. Me llevo un pie a la boca. La radio deja de cantar.
Mi cabeza está llena de rulos dorados, como el marco del pequeño espejo que mamá me quita de las manos mientras me olvido de esa noche.
•Recuerdo: 4 años de edad.
Despierto en medio de la noche. Ya mi cama individual no tiene aquellos barrotes blancos de plástico que les colocaban mientras me acostumbraba a ella. Camino por toda la casa, como si fuera una pequeña fantasmita, sin hacer el más mínimo ruido. No quiero dormir en mi habitacion, porque he soñado de nuevo que un fantasma me revolvía en mi cama. Como mi mamá es bajita de estatura, sus pies no llegan nunca al final de la cama. En ese hueco, acomodo mi ínfima humanidad, y me duermo hecha un ovillito, un nudo de bebé. Papá mueve sus piernas de golpe y caigo de mi sueño al suelo. El dolor de cabeza es tal que me nubla la vista y veo todo negro. Lo proximo que siento es a mamá levantándome del piso, tocandome la frente con sus labios. Tengo fiebre.
Me dan cocacola y coricidin (me gusta como sabe la mezcla, ella pulveriza la patilla antes en la cocacola, me la da con una cuchara y luego me deja beber el resto del vaso mientras me toca la frente y el cuello, con cara seria).
En mi cama de nuevo, custodiada por mamá, vuelvo a dormirme.

(Experimento narrativo de teatro, monólogo.)
14 Enero 2005
Petisa
Alguna vez tenía que decirlo. Soy chiquita. Así de sencillo. Al menos mi mamá, quien es unos centímetros más baja que yo, tiene la super excusa de haber contraido todas las enfermedades habidas y por haber, hasta la viruela negra, que casi la manda al otro lado. Yo simplemente nací así. Medí menos de lo normal cuando nací, pesé unos 2,750 kg. Deberían ver las fotos, mi papá luce enorrrrrmeee cargandome, yo toda rosada, envuelta en una gran mantilla rosa.
Como es natural, en todo siempre fui destacada por esa menudez. Mis compañeros de colegio se entretuvieron una clase de voleyball entera, pasandome de brazos.Una de las chicas me cargó, para ver si era muy pesada. La siguiente le dijo “para ver?” y con esa frase fui pasando de un par de brazos al otro, y cuando quise darme cuenta, estaba del otro lado de la larga fila de 50 alumnos, todos comentando cuan cierto era: yo pesaba como pluma.
También tiene sus ventajas. Una vez nos quedamos sin la llave de la reja de la casa, y yo pasé perfectamente por los agujeros, entré por la puerta de madera, y saqué la llave. Obviamente usé eso muchas veces, para mis propios beneficios. También descubrí con ello, que mis huesos son bastante adaptábles, y puedo disponerlos a mi antojo cuando deseo pasar por lugares de poco espacio. No habrá manera de ponerme un par de esposas: primero, tengo un par de muñecas tan pequeñas, que las pulseras de ciertos recien nacidos me calzan perfectamente. Segundo, los huesos de mis manos se escurren literalmente de cualquier cosa. Nunca tuve necesidad de abrir mis pulseras.
Lo más resaltante es cómo me gastan bromas al respecto mis amigos. La gente de Venezuela es muy bromista, le encanta reir, y a veces se meten con la más absurda bobería y la transforman en un festín. La gente de Maracaibo no se queda atrás. De manera que cada vez que comienzo alguna anecdota con la frase “Cuando yo era chiquita…” alguien invariablemente exclama: “Eras?” “Cuando dejaste de serlo?” “Más? Es acaso posible?”
Es inevitable.
Particularmente, siempre pensé que eso era una ventaja. Principalmente porque no hice sufrir a mi mamá en el parto. Cuando quiso darse cuenta, yo ya tenía mi cabecita afuera. Además, siempre era la primera en todo tipo de formaciones, la protegida de los más grandes, la mimada de los adultos. Pero por sobre todas las cosas, todo adulto que me quería, deseaba cargarme.
Marta, una señora argentina cuya familia visitábamos a menudo, me decía “Petisa”. Para mí, esa palabra era muy dulce, además, estaba acompañada casi de inmediato por un ofrecimiento de coca-cola, mi deleite. Su esposo, Julio, era no sólo alto, sino gigante en todo sentido, y al verme, me apretaba entre sus brazos de oso, haciendome pensar que algún dia perdería el control de esa fuerza. Y mis ojos, que siempre lucieron enormes en mi rostro, miraban todo a su alrededor tan atentamente como ahora, brillaban y absorbían todo cuanto los adultos decían, mientras yo sorbía de a poquito mi coca-cola, y en mi rincón, estudiaba y disfrutaba a plenitud ese sentimiento de ser pequeñita, amada, dichosa, y admirada.
Tan pequeña como estaba, era requerida por cuantos brazos me veían. Supongo que eso fue lo que me ganó la envídia temprana de mi hermana mayor. Eso, y que mi madre le repetía constantemente “la suerte de la fea, la bonita la desea”. Así pues, supe que era la fea de la casa, pero no me preocupó en lo más mínimo. Porque para mí tener suerte, era como poseer magia. Como tener un gran tesoro que sólo podía beneficiar a quien le pertenecía. Y crecer con esa certeza de posesión de “únicamente lo bueno y sólo lo bueno”, me hizo brillar más allá de lo visible por ojos normales. Poseo desde entonces magia verdadera, de la más pura y blanca.
Aún así, más allá de la magia en mis bolsillos, más allá de la coca-cola de Marta, de poder escurrirme, de mis ojos capaces de encontrar la sabiduría en lo más simple, había algo más maravilloso. Sentirme cargada por los brazos de mis padres.
Puede que muchos no recuerden esa sensación. No sé porqué en esta noche he recordado todo esto, algo que soy incapaz de olvidar. Ser tomada en brazos por mis padres siempre fue uno de los gestos de amor, de privilegio, más deliciosos que he tenido. No es dependencia de los padres, sino libertad. El amor te protege, te cubre, te lleva cuando estas con sueño, te mece, te hace saltar… Y el contacto físico, esa mezcla de las energías de dos seres que comparten amor, bueno… creo no tengo que explicarles más.

Tenía 6 años. A la mayoría de los niños de esa edad no se les carga ya. Pero yo aún seguía siendo consentida en eso, más que mi hermano menor, que era más pesado y me llevaba algunos centímetros (con esa cabeza, quien no). Esa madrugada llegamos al aeropuerto de Brasil, mientras mamá me explicaba que el avión necesitaba combustible, y otras cosas, y la gente también quería estirar las piernas antes de emprender el viaje de nuevo. Aprovechamos para conocer ese aeropuerto y compramos algunas cosas. Mamá me llevaba cargada por las escaleras mecánicas, aún no me habían enseñado. En una de ellas, me colocó en el suelo, y me dijo: A la cuenta de tres. Y después de dos escaleras, ya era una experta (jeje).
Ya no soy levantada en brazos, obviamente. Aunque sigo siendo pequeña de tamaño, y consiguiendo la atención de las personas por ello (y otros encantos desarrollados a lo largo del camino, por supuesto). El no dejar que alguien me levante (ahora es incómodo para mí), responde tal vez, a que quien me levanta es siempre alguien adulto, como yo. Y he perdido esa sensación de protección, más bien, ahora me da pavor que pierdan el control. Supongo que he crecido en más de un sentido, y supongo que no existen los gigantes. No desde que mi tío abuelo Orlando Loos murió hace unos años, privándome de sus enormes abrazos, y sus hombros que me levantaban con facilidad por encima del mundo. Si tienen niños, no dejen de tomarlos entre sus brazos, aunque cuando crezcan no lo recuerden ya. Rezo porque haya un pequeño cofre dentro de los corazones de las personas, guardando esa clase de secretos y dorados tesoros.
Por mi parte… qué más puedo decirles!! Un chico me dijo que amaba mi cuello pequeño, mis manos chiquitas, todo lo menudo de mí. Cuando vuelva a comparar sus manos con las mías, recordaré a mi mamá y sus palabras, aquellas que me trajeron los dones a los bolsillos de mis párpados, la belleza de afinar mis sentidos, la sabiduría de descubrir que hay una llave que encaja perfectamente en la cerradura de el cofre que soy, que encierra un par de ojos oscuros, un par de pies y orejas pequeñas, un par de piernas transparentes. Y un par de brazos… buenos para abrazar, para levantar los hijos que me nazcan aunque esos días no vuelvan jamás.
Publicado en mi antiguo blog de pitas: Sikanda. El 15 de junio de 2003.
12 Enero 2005
Tristeza
Hoy es uno de esos días en que necesito mi casa. Me refiero a mi casa. Mi cama. Mi peluche de kitty colgado en la pared. Mi colcha morada.
Despertarme tarde sabiendo que Lucy está ahi en casa y que abú está jugando en el árbol de mango.
Saludar a la Laika como de costumbre y sacarme al Pipito de encima.
Salir a correr por la urbanización. Llamar al Jota para quedar con él.
Ir a “la casa” que teniamos en la facultad. Y tirarnos como siempre en el suelo, a mirar las copas de los árboles y sentir el ruido del viento en las ramas más altas.
Almorzar con Claudia.
Pasar una tarde entera con Angélica.
Descansar en los brazos de Jota, cantarle.
Abrazar a mi papá por la espalda casi colgándomele.
Pasar la noche en la casa de Paola, en su sala, mirando atraves del balcón al puente cambiar de colores, con un vaso de toddy en la mano. Con ese viento lleno de relente de las noches de Maracaibo.
Quiero mi casa. Hoy estoy cansada.
11 Enero 2005
Ouch…
Me caí. Es así la vida, me caí y me dí la rodada de mi vida. Cuando era pequeña ví a mi madre rodar varias veces tal cual como yo lo hice hoy. Muchas veces nos reíamos todos como idiotas. Esta no fue la excepción, nop.
Sola, me entretuve lavando, esta maravillosa y soleada tarde de 11 grados (en invierno!), las escaleras de la entrada de casa. Claro, la linda de mí, no se quitó las super botas que cargaba puestas… aejem…
Yo restregaba con el cepillo las escaleras mientras cantaba a todo pulmón: How do you do, de Roxette. Imagino que fue alguno de los vecinos que me deseó la muerte o algo oarecido, todo con tal que me callara (siempre hago lo mismo cuando limpio, música a todo volumen y gritos mientras bailo con el lampazo o las escobas o Benny, que también se prende en la fiesta).
Soné. Resbalé y hacia atrás. Ouch.
Como soy una experta cayendo (el hábito hace al monje) solo me doblé un tobillo, me di golpes pro todas partes, casi em arranco una uña (que si laven, la pobre tiene una marca blanca donde se me dobló haciendo que viera el diablo).
Bueh, todo esto para decir: disculpen la perdía que me les dí esta tarde. Andaba recogiendo el desastre :oP
Ouch… mañana va a doler… y ya me vi el primer morado… no quiero enterarme del resto… diablos :oP
10 Enero 2005
Abriendo mente y alma
De esas cosas que vuelven cuando uno más lo precisa :o)
Aunque te abraces a la luna
aunque te acuestes con el sol
no hay más estrellas que las que dejes brillar
tendrá el cielo tu color
no estés solo en esta lluvia
no te entregues por favor
si debes fuerte en estos tiempos
para resistir la decepción
y quedar abierto, mente y alma
yo estoy con vos
si te hace falta quien te trate con amor
si no tenés a quien brindar tu corazón
si todo vuelve cuando más lo precisás
nos veremos otra vez
No estes sola en esta lluvia
no te entregues por favor
si debes ser fuerte en estos tiempos
para resistir la decepcion
y quedar abierta mente y alma
yo estoy con vos…
si te hace falta quien te trate con amor
si no tenés a quien brindar tu corazón
si todo vuelve cuando más lo precisás
nos veremos otra vez…
Serú Girán. “Nos veremos otra vez”.
Abriendo mente y alma
De esas cosas que vuelven cuando uno más lo precisa :o)
Aunque te abraces a la luna
aunque te acuestes con el sol
no hay más estrellas que las que dejes brillar
tendrá el cielo tu color
no estés solo en esta lluvia
no te entregues por favor
si debes fuerte en estos tiempos
para resistir la decepción
y quedar abierto, mente y alma
yo estoy con vos
si te hace falta quien te trate con amor
si no tenés a quien brindar tu corazón
si todo vuelve cuando más lo precisás
nos veremos otra vez
No estes sola en esta lluvia
no te entregues por favor
si debes ser fuerte en estos tiempos
para resistir la decepcion
y quedar abierta mente y alma
yo estoy con vos…
si te hace falta quien te trate con amor
si no tenés a quien brindar tu corazón
si todo vuelve cuando más lo precisás
nos veremos otra vez…
Serú Girán. “Nos veremos otra vez”.
8 Enero 2005
Regalito
Neon y yo hablamos de hacer varios headers para su página. Al final, me dice de hacerme una foto “show me the finger”. Le pregunté: bien, cómo quieres las uñas? Negras? Rojas?
Negras.
De la idea total, y varias conversaciones éste es el resultado total de los tres headers que adornan hoy el blog de Neon :o)

Yo confieso en frente de tus ojos que desde hoy mi vida es tuya.. dejame amarte mi amor y deja mi alma entre tus manos… Eso es lo que he soñado, tu risa, la mirada en tus ojos… Mi amor, cuando estas a mi lado, que piensas que deberia hacer???… tu, mi unico amor, dame tu mano para ir muy lejos… cada vez que tus ojos me toman, una nueva emocion ha nacido
Trozo de la canción árabe que acompaña a los nuevos headers en su blog :o)
Ich danke dir Habibi :o*
6 Enero 2005
Vendrás Conmigo
Vení que yo tengo locura por demás para darte. Vení por esta risa que no se agota nunca, ni cuando el mundo, afuera, se agazapa para darnos el zarpazo.Vení por el rumor del viento en los álamos. Por el tacto de mis uñas, por el camino que trazan mis labios cuando repiten tu nombre.
Tengo para darte esto, y más. Tengo para darte silencios mientras te perdés en mis ojos (mientras crees perderte, porque soy yo la que se va lejos, lejos hacia los remolinos de latidos y de sangre de tus brazos). Tengo ternura pura que se me derrama de ver esa sonrisa que escondés cuando me recordás. También este cuerpo pequeño que nadie ha desatado nunca. Estas manos que tiemblan con el temor de sentirte bajo ellas, tibio, abarcando el costado de la angustia para transformarlo todo en calma.
Acá te esperan una nuca y unos hombros de mujer. No de mármol, no de canto rodado ni de piedra lisa. De carne, de sangre, con aroma al sol que atrapé en mi niñez. Con entrega de piel de lunares de pecas. Anudados a esta espalda que se levanta y se arquea para recibirte.
Es aquí donde tengo latidos bajo la cintura que recitan versos oscuros, todos con un lenguaje que no conozco, y esos secretos los guardan esperando que los socaves y los hagas transparentes ante la vida que les sucitas.
Vení hasta estos caminos que no te conocen. Tengo piernas que no son columnas ni levantan torres de perfección, pero que sírven para que me suba a tu cintura y las amarres a tu instinto.
Tengo cintura que no es de niebla, sino de ombligo maternal, de centro de vientre que baja y se hunde, que no es de trigo ni tiene caminos de manzana, pero que nadie más alla de tí sabe devorar con hambre verdadera. Tengo senos que no son lunas ni conchas marinas capaces de mover mareas y de llevar el estrépito de las olas al romper contra la roca de los abismos. Sólo son dos muestras vírgenes de mi capacidad de darme, de donarme, de servirte la osadía de llenar tu boca y tus manos de hombre y de corazón que tiembla.
Acá están estas caderas mías que no son balanza eterna insensible, ni están hechas de curvas de cavernas oscuras, antiguas como las olas. Pero son las que esperan albergar mis hijos futuros si los quieres tuyos, son las que esperan que las tomes con ambas manos, y las levantes hasta tu arrebato y tus besos.
Aqui esperan mis nalgas que no son de amianto ni de espalda de cisne, ni de primaveras del sur. Ellas solo guardan el frio de los días y custodian mi sexo, que no es de gladiolo o de bombones antiguos, sexo que no es de miel, ni de leche firme.
Sólo sexo de mujer. Con calor. Con anhelos de profundidad y aprehensiones de tí. Con hambre de tí. Con miedos de tí.
5 Enero 2005
Desgrabándote
Dejaré que me lleves donde, como viento, revuelvas las platas de mis abismos. Dejaré que tomes mis manos, pequeñas entre las tuyas, y tires de mí a través de esas calles grises llenas de historias ajenas.
Dejaré que me muestres el mundo que me perdí. Que me lleves a comer a la costanera, y caminar a tu lado mientras te reís.
Dejaré que me muestres todo el mundo como si lo viese por primera vez, y con tus ojos, esos ojos que no deciden nunca su color, esos mismos que me miran y me pierden sin remedio, y que yo dejo que me extravíen los sentidos, con la sensación de que el tiempo se queda con nosotros.
Voy a respirar por cada uno de tus latidos. Voy a dejarte lleno de recuerdos como mi nombre augura. Iré para envolverte del todo con mi carne, que palpita y que tiembla con anticipación, con angustia, con dolores y estremecimientos de otros abismos, los tuyos.
Vas a penetrar en la oscuridad de nuestro principio. En medio de esa muerte conjunta de gritos, dejaremos luz a nuestro paso.
Te dejaré crearme con tu imaginación y tu instinto. Que me dibujes como no sabés. Dejaré que me siembres todos los deseos juntos y me transformes de plácida a estallido, a fulgor y lágrimas, a besos desparramados y suspiros.
Sólo así seré de la forma en que me soñás. Así seré la que se amolde a tu fuego.
Dejaré que al principio sea la oscuridad. Porque todo comienzo es oscuro. Y que extiendas tu mano para leer mi rostro.
Y besártela.
3 Enero 2005
Feliz Año Nuevo! :o)
Pues si, aqui me tienen, luego de haber vivido en carne propia ese cuento de Cortazar llamado “La Autopista del Sur”, con una cola que nos encontramos a 80 km de la ciudad de Basel, 80km que nos la pasamos moviéndonos a 10km/h.
Agotador el regreso, pero en fin, como dijo el Yellow, valió la pena porque la cena estaba BUENIIIISIMA (gracias Nan!!) y también conoció Grenoble, que él ya tenía ganas, de tanto ver mis fotos. Incluso comió churros, que Ekkehard jamás los había probado, ni sabía qué eran (uno de esos pecados que cometieron sus padres con él, y que yo me encargo de solucionar :oP).
Arianna está enorme, ya gatea, empuja puertas, pega gritos, en fin…. si si, me la mantuve encima de ella todo el tiempo :o)
La dormí como de costumbre :o)
Ay… ya la extraño :oP
La pasamos genial, pueden ver fotos del viaje aqui