Mi vida de adulta comenzó, de manera brusca, una noche en el transcuros de mi 10 años de edad. Ese hermoso golpe que te abre los ojos y te quita toda venda de la visión. Yo por mi parte, era como si me oscurecieran el mundo, en lugar de aclarármelo. Así como sucedieron las cosas, hasta los 10 años había tenido una existencia más que entretenida en ser algo en lo que mis hermanos y yo éramos más que profesionales: ser niños.
Por supuesto, mis recuerdos son mucho más vívidos y nítidos, más detallados que los de cualquiera de mis tres hermanos. Vaya a saber Dios por qué, pero a mí ya no me importa. Me encanta poder mirar atrás, y reconocer esos días.
A veces he posteado aqui sobre mi niñez, de una manera tan poética, que sé que muchos pensarán que yo era de esas niñas que se vestía de tules y que llevaba rizos armados cuidadosamente en la cabeza. Una niña con vestidos rosas, y filas de muñecas de cabeza de porcelana, como en los cuentos de novelistas antiguos.
Es lindo. Porque mi mamá nos llamaba a mí, y a mi hermano, el dúo dinámico. Yo era la de las ideas macabras, y mi hermano, más grande y robusto que yo a pesar de ser año y medio menor, las ejecutaba.
Así fue como un día, mi pobre madre estaba en la cocina y de repente escuchó un sonido de vidrios quebrandose. Semejante estruendo la hizo correr directo a la sala y allí estábamos Javier y yo, sentados mirándolo todo con ojos inocentes, en medio de una coffee-table de vidrio hecha añicos. Ehmmm.. no, añicos no. Digamos más bien… lanzas de vidrio, apuntando hacia nosotros. Yo tenía 4 años, Javier, 3 añitos. Mi madre, en lugar de alarmarse, nos saca con toda la dulzura del mundo… y después casi nos asesina! Pobre.. el susto que se llevó, fue mucho más grande que la paliza que nos ganamos.
Igual que el día que rompimos nuestras camas saltando desde lo alto de la biblioteca de la habitación, con los morrales del colegio en la espalda (es que éramos paracaidistas!). Javier saltó y en vez de aterrizar con el trasero, lo hizo con las piernas más que rectas. El Estruendo mi hizo bajar inmediatamente a ver qué había pasado: las piernas de Javier estaban enterradas hasta la rodilla. La madera sobre la que reposaba el colchón, una tabla entera, tenía un hueco del tamaño de la mitad de la cama. Resolvimos ver si se notaba por encima del colchón. No? Bueno, así se queda. Pasaron 4 años hasta el día en que nos mudamos de ese edificio, y mi padre levantó el colchón. Finalmente. Como no pudieron elucubrar de qué manera lo hicimos, salimos ilesos. Mi hermano y yo nos hicimos los locos, y sólo cuando tenía 16 años, se enteraron de la historia completa.
Javier siempre fue mi compañero porque nos llevávamos muy poca diferencia. Mi mamá confundía nuestras voces, y todos pensaban que éramos gemelos. Flaquitos esqueléticos como éramos, parecíamos algo etéreo. Sobre todo corriendo como lo haciamos. Nadie se pensaria las cosas que éramos capaces de hacer, pero siempre en casa. En lugares ajenos éramos los ángeles que envidiaban todos. Yo no me ensuciaba las manos en casas ajenas, salvo si merecía la pena. Si y sólo si había algún perro que mereciera ensuciarme. De resto, me aprovechaba de la bondad ajena que me veía tierna y pequeñita, y recibía con ello vasos de cocacola gigantes y caramelos.
Como dormíamos en la misma habitación, nuestros juegos eran principalmente, pelearnos. A veces de verdad, a veces de mentira, haciamos levantar muertos con nuestras locuras. Teníamos un día especial a la semana que jugábamos “guerra”. Eso significaba vaciar todo de juguetes, y repartirlos entre las dos camas gemelas que teníamos. Usándolas como trinchera, se contaba hasta “tres”, y se lanzaba todo hacia el contrario. Teníamos unos 600 autitos de esos chiquititos que eran de metal, y que venían para coleccion. También las partes desarmables de una casa de muñecas que eran usadas como bumerangs o la mayoría de las veces, les atábamos una “cabuya” y eran instantáneamente, uno de esos “batichiches” con los cuales jugábamos a Batman y otros superhéroes. Usábamos todas mis muñecas, mis accesorios para el pelo, los ladrillitos que se conocen como “legos”, los cubos desarmables que teníamos, peluches, juegos de té y café, todo loq ue estaba a la mano. Era tan divertido jugar a la guerra, que el juego no terminaba sino hasta que desaparecian más de 10 cosas a través de la ventana. Eso desde un 4to piso. A veces las encontrábamos abajo, pero sin que mi madre se enterara.
Como a veces no podíamos dormir, Javier y yo subíamos a lo alto de la biblioteca para realizar “vuelos nocturnos”. Teníamos un ventilador pequeño encima de ese mueble, nos subíamos, y Javier “operaba” el ventilador-avión, que hacía de las veces e motor y hélice de nuestra imaginación.
Cuando nos dió varicela (lechina en Vzla), caimos todos menos Dana, que era muy bebé. Yacíamos en cama, con una fiebre voladora, y un dolor de cabeza terrible. Pero nos daba risa del otro, que se veía taaaan maaaal, y eso nos hacía reir. Pero al mismo tiempo, reir nos hacía doler la cabeza, y eso nos hacía reir. Y pasábamos las tardes riéndonos del otro y diciendo “auch!” y señalando y riéndonos, como tontos.
Como en Vzla siempre hace calor, sobre todo en Maracaibo, los domingos sacabamos la manguera, y nos íbamos a un patiecito interno que teníamos, y allí jugábamos horas con agua. Dana tenía esos rizos dorados y hermosos de sus dos añitos, y se ponía rojita y bonita. Nosotros aprovechábamos unas escaleras que teníamos alli, para subirnos hasta el tope, y hacer como si nos lanzáramos hacia una pileta. Los niños vecinos nos veían desde el otro lado del muro, y juraban que teníamos una piscina allí adentro. Gritábamos: quítense, que allá voy! Y cuando uno se lanzaba, el resto echaba agua hacia arriba, de modo que creyeran que era profunda la cosa.
Le poníamos un vaso de plástico a las ruedas de nuestras bicicletas, para que hicieran ruido de moto, y jugábamos a hacer competencias hasta quedar rojos de calor. No había árbol que no supiéramos trepar, previo reconocimiento del terreno por mi parte, y establecido los lugares donde había que pisar para poder trepar con esfuerzos mínimos. Habían cruzadas desde nuesro techo a los techos vecinos, para alcanzar el árbol de mamón, más lleno y jugoso de toda la cuadra. Cantábamos gritando desaforadamente, y mi mamá nos enseñaba canciones de todo tipo. Jugábamos a mímica, y molestábamos a la pobre de Blanquita, que nos miraba pacientemente y suspiraba, como dándose ánimos a no matarnos a mordiscos (cómo la queríamos!).
Siempre supimos que se sentía hacer de tarzán con las cortinas de la sala, como sonaba uan cabeza contra uan maceta de flores, como caernos de un muro y recuperaranos “porque si mami se entera…” Si no fuera por la excelente piel que tengo, estuviera llena de marcas. No habia terminado de sanarme alguna salvajada, cuando ya me hacía la siguiente. Javier aterrizaba siempre con la boca y la nariz, al punto que una vez creí que se la había rebanado contra el cemento del piso del patio del colegio.
Las cadenas de las bicicletas nos dejaban llenos de grasa. Bajábamos guayabas de los árboles porque la señora que hace las tortas, nos hacía con eso mermelada de guayaba, que merendábamos en las tardes. Hacíamos excursiones en la selva del patio vecino, de esa casa abandonada pero que tenía un árbol de limonsón más bueno!
Y siempre estaban aquellos momentos en que mi hermano me colmaba la paciencia, y le lanzaba libros y vasos por la cabeza, o simplemente me lanzaba hacia su cuello y lo molía a palos. Yo no sé si era que en verdad yo lo podía con mi furia, o era que él nunca se defendía.
Aprendimos a usar la patineta, jugábamos a G.I. Joe por toda la casa usando liguitas como balas de pistolas, y en las noches todavía queriamos seguir arriba de los árboles, contemplando las luces de los autos en la avenida a lo lejos.
Eso sí, a las 6 de la tarde mi mamá me hacia bañarme y peinarme. Esa era la hora en que parecía una niña nuevamente.
Y cuando me herí de verdad, o estuve en peligro en serio, Javier siempre me sacaba del momento, en brazos, como siempre, y terminaba mudo de terror.
Después de un break de 16 años, hoy vuelvo a mirar las cosas como esa cabecita llena de rulos que se hacían porque no había manera de peinarme decentemente. A veces voy en el auto contemplando la calle leyendo los letreros como cuando era niña, hago preguntas sin sentido, me quedo lela mirando hacia arriba, o empiezo “guerras” en pleno salón de clases, contra los rusos, y nos lanzamos papeles, estuches de lápices y gorros, y los días que nevaba, que Dios agarrase a todos confesados.
Creo que tengo derecho a que me devuelvan esas cosas. Ya mismo empiezo otra coleccion de juguetes pequeños, asi, cuando pueda fabricarme mis propios compañeros de juegos, tendremos un sinfin de cosas que lanzarnos atrincherados, con ollas en la cabeza haciendo las veces de cascos.
Lo malo es que no va a estar mi mamá para gritarnos: Qué tienen dentro de la cabeza, eh? Vidrios molidos???
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Esta entrada fue escrita el Lunes, Mayo 24, 2004 a las 18:48 y se encuentra en Uncategorized. Puedes seguir el RSS 2.0 feed. Mas abajo puedes dibujar un cordero.

Mayo 24th, 2004 at 20:40
Besho, besho…
Cada quien sus cosas de niños sinceramente, porque sin bien es cierto también yo tuve una infancia parecida. Con albercas inflables en verano y bicicletas con hojarasca en las ruedas, estaciones de gasolina imaginarias y sigue al lider sobre ruedas.
Miles de juguetes tirados en la recámara, el estudio contiguo y el pasillo de la casa, tan sólo para una tarde y que lograban permanecer una semana hasta que mi madre siempre en domingo nos hacía alzar todo para dejarlo impecable.
Cada quien sus cosas, cada quien sus recuerdos… todos fuimos niños y tenemos nuestras diabluras guardadas.
Mayo 24th, 2004 at 20:52
Desde luego no hay nada como la complicidad y los juegos con un hermano ! :)
A veces me pregunto que haría sin el mio (aunque otras veces piense que me lo cargaría ! :P)
En fins,… que buenos recuerdos !
Mil besos ! :*****
Mayo 24th, 2004 at 21:09
Los recuerdos de la niñez son los más gratificantes, aunque también hay recuerdos muy malos
A mi me encantaba jugar con los G.I joe, hacía campeonatos que duraban días, como los de Dragon Bola Z.
Además pequeño creo que era un poco malo porque pillaba las muñecas de mi prima y jugaba al Street Fighter con ellas. A un muñeco suyo le arraqué la cabeza al hacer el golpe especial:D
También jugaba al Tente (parecido al lego) y as los micromachines un poco.
Es bonito volver a recordar todos esos momentos.gracias Sikanda:)
Mayo 25th, 2004 at 0:35
¡Qué maravillosos recuerdos! Lamentáblemente éso es lo único que nos queda de nuestra niñez, al leer todo esto veo que eras una especie de niña-kamikaze!!! ;-)
Un comentario final; las letras negras sobre el fondo vino-oscuro no soy muy fáciles de leer, ¿o acaso será otra de tus travesuras infantiles?
Mayo 25th, 2004 at 1:40
Norya Lyn, siempre encuentras la forma de dejarnos sin palabras.
Mayo 25th, 2004 at 3:47
Yo de niño tenia mieDo.
^____^
Eso de las guayaBas seguRo era lo mejor de todo.
Mayo 25th, 2004 at 11:25
Mi hermana y yo montabamos grandes representaciones teatrales, manteles , velos de mi madre, bolsos viejos…, todo nos servía para recrear el ambiente.
Debo reconocer, que yo siempre me reservaba el papel protagonista, para eso era algo mayor.
Creo que mi infancia acabó cuando dejamos de jugar, seguimos unidas, pero ya no jugamos.
Mayo 25th, 2004 at 13:08
Du Veth, sabes que cuando miro estos recuerdos, y veo algún niño de la calle no entiendo cómo la gente puede hacerles daño, sabiendo que fueron unos privilegiados por tener recuerdos de sábanas tibias y blandas, no lo entiendo. Por eso este tipo de cosas siempre hay que protegerlas. Me encantan tus recuerdos :o)
Sory, muchos piensan también que me cargaría al mio :oP
Sergio: UFF! Me hubiese encantado participar de tus torneos de G.I Joe :oD
Edu: nunca había pensado en verme Kamikaze… debe ser porque siempre sacrificaba primero a mi hermano, heheheh. Las letras Negras con este fondo es un error que tengo que arreglar, no me había dado cuenta, gracias por comentármelo :o)
Gabriel: me sorpende que no te quejaras de lo largo :oP
NueZ: Pancito, quero mermelada de guayaba, claro que eso era lo mejor de todo :oD!! Un muic!
Guisemua, a lo mejor no juegan juegos de niños, pero según Cortazar, el hombre vive para y por el juego. A que juegan juegos adultos de lo más entretenidos ;o)
Besos a todos :o)
Mayo 25th, 2004 at 19:40
Estoy con Sory!!Ahora me qdo solita con mis papis 4 dias y me siento de lo mas raro,aburrida y hasta deprimidaaaaa,quiero q vuelvan ya mis hermanas:(:(!!!Tengo 3 y q como dice Sory aunq a veces nos liemos a leches jeejejej no se q haria sin ellas…..Lo de los cristales hay q tener cuidadin recuerdo cuando mi hermana pequeña rompio una ventana con el pie,no me digas tu como,y se corto los tendones…Uyssss ese es un mal recuerdo,pero como tu procuro q se me qden grabados todos esos recuerdos q me desmuestran q algun dia tuve inocencia y confianza ciega en los d+!!Besitosssssss
Mayo 26th, 2004 at 8:14
Sikanda, es cierto, a veces hacemos de cronopios.
Mayo 26th, 2004 at 11:54
Quiara: es que no conté los recuerdos sobre SANGRE, heheheh :oP
Guisemua: eres una flor ;o)
Mayo 28th, 2004 at 17:45
Te quedo tan de pinga el post, nos trajo tantos recuerdos que casi nadie le dio importancia a lo de las letras. Gracias… ya voy a llamar a mi primo que era mi compañero de travesuras.
Mayo 28th, 2004 at 19:28
De nada Minimi, bienvenid@ a este país de recuerdos bien plantados ;o)