Me levanto en medio de la noche para ir al baño. Me levanto casi zombie, sin
encender luces y sin hacer ruido, para no despertarlo. De pequeña nadie me
sentía, y los adultos me tenían apodada: el fantasma que camina :oP
Regreso del baño de la misma manera. Hay una luna creciente enorme sobre
nuestra ventana. Me acuesto si casi mover la cama. Es inútil, le he
despertado.
Siento su mano buscando la mía, y me extiendo hacia él. Me acaricia la cara,
me besa suavemente y me dice: Feliz Cumpleaños Amor.
En medio de la noche.
Creo que no necesito explicarles más, verdad?
Por si lo preguntan, estaré sonriendo como tarada el resto del día, y que lo
pasen muy muy muy rico y bonito todos ustedes :o)
Recuerdo que Agatha Christie decía que tener un título suponía un trabajo ya
terminado, así ella se topaba con títulos que le sorpendían al azar, como el
día que el hermano de una de sus amigas, terminando de leer una novela
exclamó: “todo muy bien, pero …Por qué nadie le preguntó a Evans?”
De allí ella pensó en el título de su próximo libro “Pregúntale a Evans”. No
tenía la trama, pero el tener el título, implicaba que todo estaba allí.
Muchas veces me topé con muchas formas de este concepto de Christie. Una de
ellas, es el poema. Solíamos decir en mis clases, que el poema es el
concentrado, en un sólo espacio, de todo lo que puedes tener en una novela.
Toma una novela, y acórtale el espacio para ser desarrollada con todos sus
matices, y obtendrás un cuento. Toma este cuento, y dale sólo unas líneas, y
verás el poema (esto es, a manera teórica, una manera de determinar los
espacios, pero bein sabemos que no siempre es así).
Es como ver un cuadro: en ese marco se desarrolla una historia completa, más
allá de lo que se ve o no.
Cuantas posibilidades tiene un título como el que he puesto aqui?
Muchas veces, luego de escribir una línea como título, una línea que surgió
de cualquier sombra para hacerse luz, he sentido que más abajo desglosaba la
composición de algún cuadro escondido en el fondo de mis retinas y perdido
en algún baúl allá adentro.
Happy New Year
Mirá, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Asì la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.
Nocturno
Tengo esta noche las manos negras, el corazón sudado
como después de luchar hasta el olvido con los ciempiés del humo.
Todo ha quedado allá, las botellas, el barco,
no sé si me querían, y si esperaban verme.
En el diario tirado sobre la cama dice encuentros diplomáticos,
una sangría exploratoria lo batió alegremente en cuatro sets.
Un bosque altísimo rodea esta casa en el centro de la ciudad,
yo sé, siento que un ciego está muriéndose en las cercanías.
Mi mujer sube y baja una pequeña escalera
como un capitán de navío que desconfía de las estrellas.
Hay una taza de leche, papeles, las once de la noche.
Afuera parece como si multitudes de caballos se acercaran
a la ventana que tengo a mi espalda.